Sonsoles, a buen tiempo, mala cara. Estoy hasta aquí del cambio climático de los cojones. Y no porque me impida ponerme la chaqueta de pana a juego con mi ideología este otoño sino porque va a dejar a España como pronosticó el Guerra: en 50 años, aunque no sean de honradez, a este país no lo va a conocer ni la madre que lo parió. Lo dice Greenpeace y lo suscribe este padre de familia. Mantengo aquí y en Irak que la meteorología ha matado a más gente que el terrorismo. Con la diferencia de que mientras a un gudari lo meten en la trena por tener mala idea al tiempo lo dejan suelto con la excusa de que está loco.
Incongruencias jurídicas al margen, el incremento de temperatura, a sabiendas de que nadie le mete mano al mercurio, campa a sus anchas por Castilla y aledaños. De tal modo lo hace que según prevén los ecologistas en unas decadas la borrasca será especie en peligro de extinción y la tempestad pieza de museo. En un futuro próximo lo que ahora no pasa de cuatro gotas tendrá rango de aguacero y lo más parecido al actual temporal será el chirimiri. A resultas de lo cual la huerta valenciana lanzará un SOS por el arroz y el Ebro, a puro ser poca cosa, se quedará para contar batallitas.
Puesto que la culpa es nuestra propongo un retorno a los coches de caballos para sustituir a los caballos en los coches. Es preciso volver a los tiempos del abuelo Patxi, el del café a 80 céntimos. Entonces la gente moría de otra manera: se los cargaba la guerra o el hambre, que son asesinos casi de la familia, matones de toda la vida. De modo que, como tengo que dar ejemplo no contaminante, recuérdame que a partir de ahora me desplace en bicicleta por el conjunto del país con Pepiño de gregario y Moraleda en el control de avituallamiento. Para los viajes internacionales inherentes al cargo también tengo la solución: me he apuntado a la academia esa que enseña a volar a los tontos.
Todo sea por evitar que el verano emule a Magdalena Alvárez a la hora de acabar con las estaciones. Antes la naturaleza era sabia, pero ahora, con la LOGSE, no pasa de listilla, así que comete errores. Al paso que vamos es más probable que posible que en navidades no muy lejanas cohabiten la pandereta y el after sun y que la primavera en vez de alterar la sangre ponga de los nervios a causa del calor. De suceder tal cosa será el tiempo y no yo el que acabe con la nación. Por una parte eso me quita un peso histórico de encima, pero por otra me revienta que se me adelante el anticiclón después de haber trabajado cuatro años de sol a sol para que a España le llegara la noche más larga.
sábado, 10 de noviembre de 2007
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1 comentario:
Qué tipo de mierda es este poder que no deja dominar ni al clima. Menuda pérdida de tiempo, no puedo ocuparme de todo, mientras que el cambio urnático me amenaza. Si me llegan a decir que mandar es esto no salgo de casa sin paraguas
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