Sonsoles, las Rosas me tienen tan harto que no sé si hacerme podador resentido o pedir asilo político en la tuna para darles en los morros con sus rivales los clavelitos. Primero fue la Regás y ahora es la Diez, quien se ha creído clon vasco de Rosa Luxemburgo mientras la catalana, experta en escándalos, se ha debido inspirar en Estefanía de Mónaco. Más me habría valido que ambas, tan pagadas de sí mismas, fueran narciso de un día porque al durar más de la cuenta me han metido en tal jardín que, a fuerza de ponerme mal cuerpo, han afectado hasta a mi flora intestinal.
Menos mal que estoy abonado a la teoría de que por bien no venga. El robo a la bibliotecaria nacional de dos mapas mundi incunables ha propiciado que el ministro le haya hecho la cama a la directora, así que por ese lado me puedo echar a dormir, que es lo mío, pero la otra dama se ha largado viva del partido para eludir la disciplina. Bien sabía la loba que el comité de garantías del PSOE no cubre la crítica feroz al presidente, así que ha estado ágil al salir con la cabeza alta antes de que le diéramos de baja.
A mí que me ponga tibio me deja frío. Tampoco me acalora su decisión de montar un partido tan a medio camino entre Pablo Iglesias y la democracia cristiana que a ese viaje a ninguna parte se ha apuntado una parroquia deudora por igual del ejército rojo y de la división azul. Y no me preocupa porque no le veo yo futuro político al cóctel, toda vez que la tradición enseña que la criatura resultante de mezclar churras y merinas es siempre la oveja negra.
Además, tengo claro que si el nuevo partido araña algún voto será de Mariano, que es tigre de papel, aunque sus periódicos le comparen con el de Malasia. De mi urna no se escapará ninguno porque los sufragios socialistas están asentados por vía alimentaria: una cuarta parte procede de estómagos agradecidos y otra de ganapanes. De manera que es impensable que alguno de los míos tenga una idea que le haga perder a la vez el sustento y la cabeza.
Así que el dolor será para el celta si lo de la vasca sale adelante porque tienen un discurso similar en política antiterrorista. Tanto Rajoy como Díez entienden que hay que volver a pararle los pies a ETA para evitar que la banda vuelva a las andadas. Yo, aunque tropiece, soy más de tenderle la mano, lo que pone negra a Rosa. Pues no quiero ser cruel con la que va de madraza pero tampoco me gusto a mí en pleno proceso de paz su abrazo con Pilar Elías. De puro contentas parecía el de la perfecta casada con la viuda alegre.
viernes, 31 de agosto de 2007
jueves, 30 de agosto de 2007
Gol separatista
Sonsoles, el Gobierno de la ciudad condal nos ha metido un gol separatista a través del hijo menor del deporte rey. La autonomía que quiere despedirse de España a la francesa aprovecha un torneo de fútbol sala en Argentina para participar con rango de nación, lo que significa que entona en plena pampa el adiós rambla mía con arreglos de rumba catalana. De resultas de esto a partir de ahora cualquier partido tendrá un componente político de tal magnitud que raro será que la afición culé no plantee desde las gradas la autodeterminación para Peret y exija que dejemos lliure al borriquito como tú.
En este caso el tripartito oficia de tridente atacante contra el poder que defiendo porque ha hecho entrega a la selección autóctona de una subvención cuyo objeto es que los muchachos cobren por pase para que a cambio escuchen a pie de césped como caballeros, con la mano en el pecho, el himno de Els Segadors. A los promotores de la idea no les importa tanto que su líbero desborde al contrario en banda izquierda como que el conjunto, cuando cuele un tanto, en vez de improvisar una melé se marque una sardana. También será costumbre a partir de ahora que ante el lanzamiento de una falta el central pida independencia en lugar de barrera.
Pues ya está bien. Propiciar que la selección catalana compita en torneos internacionales es no sólo juego sucio sino también embarazo no deseado a fuerza de romper las reglas. La situación es tan absurda que no sé como explicarla a la ciudadanía sin parecer harto de copas. Ni borracho pensaba que el combinado nacional, otrora vino con gaseosa, iba a pasar a ser el cava con Penedés en el enclave de Montilla. Así que aunque pase un mal trago tendré que advertir a la Generalitat de que de este agua no beberé.
Lo malo es que, como siempre, estoy entre la pared de la masía y la espada del Cid. Por un lado me debo al equipo catalán y por otro al del resto de España. De modo que tendré que recurrir de nuevo a la táctica del avestruz para marear la perdiz en el área chica. No tengo que tirar de pizarra para saber que cuando Cataluña chuta lo mejor es oficiar de Praxisteles en la meta a fuerza de hacer la estatua. Aunque eso indique que en mi portería realiza las estiradas la Venus de Milo.
Por eso el Consejo Superior de Deportes, que tiene encomendada la defensa de los intereses nacionales en materia de córpore sano, no mete la pierna para parar la afrenta. En su descargo hay que decir que la independencia es mira elevada y esta gente no da la talla en el juego por alto. Suerte para ella que la selección catalana tiene prohibido lanzar balones a la olla. Y no porque sea balón para nadie sino porque es concepto próximo al cocidito madrileño.
En este caso el tripartito oficia de tridente atacante contra el poder que defiendo porque ha hecho entrega a la selección autóctona de una subvención cuyo objeto es que los muchachos cobren por pase para que a cambio escuchen a pie de césped como caballeros, con la mano en el pecho, el himno de Els Segadors. A los promotores de la idea no les importa tanto que su líbero desborde al contrario en banda izquierda como que el conjunto, cuando cuele un tanto, en vez de improvisar una melé se marque una sardana. También será costumbre a partir de ahora que ante el lanzamiento de una falta el central pida independencia en lugar de barrera.
Pues ya está bien. Propiciar que la selección catalana compita en torneos internacionales es no sólo juego sucio sino también embarazo no deseado a fuerza de romper las reglas. La situación es tan absurda que no sé como explicarla a la ciudadanía sin parecer harto de copas. Ni borracho pensaba que el combinado nacional, otrora vino con gaseosa, iba a pasar a ser el cava con Penedés en el enclave de Montilla. Así que aunque pase un mal trago tendré que advertir a la Generalitat de que de este agua no beberé.
Lo malo es que, como siempre, estoy entre la pared de la masía y la espada del Cid. Por un lado me debo al equipo catalán y por otro al del resto de España. De modo que tendré que recurrir de nuevo a la táctica del avestruz para marear la perdiz en el área chica. No tengo que tirar de pizarra para saber que cuando Cataluña chuta lo mejor es oficiar de Praxisteles en la meta a fuerza de hacer la estatua. Aunque eso indique que en mi portería realiza las estiradas la Venus de Milo.
Por eso el Consejo Superior de Deportes, que tiene encomendada la defensa de los intereses nacionales en materia de córpore sano, no mete la pierna para parar la afrenta. En su descargo hay que decir que la independencia es mira elevada y esta gente no da la talla en el juego por alto. Suerte para ella que la selección catalana tiene prohibido lanzar balones a la olla. Y no porque sea balón para nadie sino porque es concepto próximo al cocidito madrileño.
miércoles, 29 de agosto de 2007
El Rey se sale de cuentas
Sonsoles, la saña republicana con que mis socios de Gobierno le piden cuentas al Rey ha forzado al monarca a contratar a un interventor para que apunte todo el gasto, aunque sea en género chico, que acometa la Zarzuela. IU y ERC denuncian que la corona se hace la sueca a la hora de presentar el albarán, pero este empeño se volverá en contra de quienes, para mover la silla a don Juan Carlos, intentan demostrar que la institución se gasta lo suyo, que es lo nuestro, en tronos. Primero porque lo más que merca es sofá cama. Segundo porque la inspección no va a motivar que la gran familia se apriete el cinturón así venga, como es borbónica costumbre, uno más al mundo. Y tercero porque servirá en cambio para que los españoles, al conocer la inversión regia al dedillo, tengan claro que el jefe del Estado no gasta a manos llenas.
Tal es la alopecia mental de Llamazares y Carod que se les ven las malas ideas de lejos. Su intención no es otra que motivar que los que cobran del presupuesto paguen el pato ante la opinión pública por una supuesta tendencia al despilfarro. Con tal de morder estos son capaces de cuestionar hasta que tomen un bocado. Quieren trasladar a los ciudadanos que en la mantelería real las angulas son como las aceitunas en la mesa de los españoles del montón, una constante, pero ahí dan en hueso. En el menú del día de la Zarzuela no ponen caviar para picar ni sus altezas se escarban los dientes con palillos de oro. Me río yo, es cierto, de que acompañen la chistorra con vino peleón en vez de con Ribera del Duero, pero es que ahora cualquier familia de clase media no empieza a masticar el asado si no tiene al lado un borgoña. Que se le pregunten a Arenillas.
Lo que sucede es que la envidia es muy mala y la incoherencia su amiga íntima. A los Borbones le cuestionan el presupuesto aquellos que se funden el erario público en lo que les sale. Pongamos como ejemplo a Rovira, miembro del un tripartito, el anterior, que se gastó tanto en sondeos que más habría rentado a la Generalitat invertir esa pasta en buscar agua. Tirar el dinero incapacita a personajes tan políticamente hundidos a cuestionar otros fondos.
Lo que le sucede a esta gente es que tiene añoranza de la historia. Yo también, que conste. Pero mi memoria comienza en la España del 31 y estos quieren retroceder a la Rusia del 17. No digo yo, por supuesto, que tengan preparado para el clan de la sangre azul el futuro de paredón que se les propinó a sus primos los zares. Esta vez, imagino, la pólvora no la tirarían contra los del Rey, pero es seguro que del exilio no se escapaba ninguno.
Por eso traen la que traen con el dinero público que reciben sus majestades. Y por eso, a fuerza de vivir en el siglo pasado, el del resentimiento, los republicanos no contabilizan a la familia en euros sino en pesetas. De hecho, para Carod y Llamazares don Juan Carlos y don Felipe no son más que los dos reales, doña Elena no pasa de rubia, y la infanta Cristina, siempre a punto de salir de cuentas, es la perra gorda.
Tal es la alopecia mental de Llamazares y Carod que se les ven las malas ideas de lejos. Su intención no es otra que motivar que los que cobran del presupuesto paguen el pato ante la opinión pública por una supuesta tendencia al despilfarro. Con tal de morder estos son capaces de cuestionar hasta que tomen un bocado. Quieren trasladar a los ciudadanos que en la mantelería real las angulas son como las aceitunas en la mesa de los españoles del montón, una constante, pero ahí dan en hueso. En el menú del día de la Zarzuela no ponen caviar para picar ni sus altezas se escarban los dientes con palillos de oro. Me río yo, es cierto, de que acompañen la chistorra con vino peleón en vez de con Ribera del Duero, pero es que ahora cualquier familia de clase media no empieza a masticar el asado si no tiene al lado un borgoña. Que se le pregunten a Arenillas.
Lo que sucede es que la envidia es muy mala y la incoherencia su amiga íntima. A los Borbones le cuestionan el presupuesto aquellos que se funden el erario público en lo que les sale. Pongamos como ejemplo a Rovira, miembro del un tripartito, el anterior, que se gastó tanto en sondeos que más habría rentado a la Generalitat invertir esa pasta en buscar agua. Tirar el dinero incapacita a personajes tan políticamente hundidos a cuestionar otros fondos.
Lo que le sucede a esta gente es que tiene añoranza de la historia. Yo también, que conste. Pero mi memoria comienza en la España del 31 y estos quieren retroceder a la Rusia del 17. No digo yo, por supuesto, que tengan preparado para el clan de la sangre azul el futuro de paredón que se les propinó a sus primos los zares. Esta vez, imagino, la pólvora no la tirarían contra los del Rey, pero es seguro que del exilio no se escapaba ninguno.
Por eso traen la que traen con el dinero público que reciben sus majestades. Y por eso, a fuerza de vivir en el siglo pasado, el del resentimiento, los republicanos no contabilizan a la familia en euros sino en pesetas. De hecho, para Carod y Llamazares don Juan Carlos y don Felipe no son más que los dos reales, doña Elena no pasa de rubia, y la infanta Cristina, siempre a punto de salir de cuentas, es la perra gorda.
martes, 28 de agosto de 2007
Umbral
Sonsoles, el recuerdo es vago, pero un día le leí a Umbral que en la infancia la vida rimaba con sus rodillas sucias. Son cosas que te llegan al alma cuando el alma se levanta a las cinco, se lava la cara y coge el camino de la mina. En el tren de Gamoneda, repleto de ojos tristes, de miradas de tarde de domingo, habría habido acomodo para Paco, pues la melancolía, su hábitat, tiene en ocasiones como origen la miseria. El hijo de la portera habría sido un buen pasajero en el tren de los pobres, habría sido uno de los nuestros, pero prefirió la esperanza al carbón y se marchó a Madrid por ver si sonreía.
Le tengo aprecio, ya ves, a este hombre que nunca me lo tuvo. Quienquiera que nazca en el estiércol es mi compañero de batalla aunque elija otro campo, otra bandera y otras armas. Y Umbral es doblemente amigo, por proletario y triste. Es amigo cualquier hombre que en la cima descubre que está solo. Es amigo cualquier hombre que descubre que Itaca tampoco está en el viaje.
Ahora ni siquiera la muerte le consuela. Cuando uno, tras alcanzarlo todo, no llega a tiempo a la alegría prefiere mirar el jardín a que le miren en carne y porcelana dentro del ataúd, prefiere escuchar las hojas cuando caen a que sus afligidos citen el número de veces que hubo de levantarse para caer de nuevo, prefiere mirar la luz siquiera de noviembre a entonar el elogio de lo oscuro. Y prefiere una nana a una elegía, un hola a cien adioses, un beso en la mejilla a un dolor de labios en la frente.
Con Umbral en el cielo, España se llena de ausencias literarias. Larra comparte mesa con los grandes, mientras aquí hay un pavor de imprentas por la fuga de párrafos redondos: los que dejó Campmany, los que olvidó Haro, los huérfanos de Paco. Los articulistas, novelistas de la urgencia, hacen gala a su oficio, intiman con la prisa y se largan tan rápido que nace en los diarios un silencio súbito, inesperado, de ascensor.
Le tengo aprecio, ya ves, a este hombre que nunca me lo tuvo. Quienquiera que nazca en el estiércol es mi compañero de batalla aunque elija otro campo, otra bandera y otras armas. Y Umbral es doblemente amigo, por proletario y triste. Es amigo cualquier hombre que en la cima descubre que está solo. Es amigo cualquier hombre que descubre que Itaca tampoco está en el viaje.
Ahora ni siquiera la muerte le consuela. Cuando uno, tras alcanzarlo todo, no llega a tiempo a la alegría prefiere mirar el jardín a que le miren en carne y porcelana dentro del ataúd, prefiere escuchar las hojas cuando caen a que sus afligidos citen el número de veces que hubo de levantarse para caer de nuevo, prefiere mirar la luz siquiera de noviembre a entonar el elogio de lo oscuro. Y prefiere una nana a una elegía, un hola a cien adioses, un beso en la mejilla a un dolor de labios en la frente.
Con Umbral en el cielo, España se llena de ausencias literarias. Larra comparte mesa con los grandes, mientras aquí hay un pavor de imprentas por la fuga de párrafos redondos: los que dejó Campmany, los que olvidó Haro, los huérfanos de Paco. Los articulistas, novelistas de la urgencia, hacen gala a su oficio, intiman con la prisa y se largan tan rápido que nace en los diarios un silencio súbito, inesperado, de ascensor.
lunes, 27 de agosto de 2007
Eje Solsona-Irún-Marín
Sonsoles, el eje Solsona-Irún-Marín nos ha declarado la guerra sin segundas. A las claras. Mientras los vascuences prueban la artillería, los catalanes amenazan a medio plazo y los gallegos rinden tributo a la ópera del Tercer Reich al simpatizar con la aria. Tal se deduce de la recaída terrorista, del anuncio de independencia para Cataluña a partir de 2014 y de la exaltación oficial de la raza superior celta. Frente a esto sólo podemos oponer la sangre de las víctimas, el sudor frío de la población y mis lágrimas de cocodrilo. Churchill puro, vamos.
El único aspecto positivo que ofrece la situación es que Polonia no es nación limítrofe. Y es que después de anular mi visita oficial por cansancio me daría fatiga que esta gente invadiese a ese gran pueblo del mar Báltico gobernado por clones sin guitarra de Los del Río. Por lo pronto el trío la-la-la (la independencia, la autodeterminación, la puta España) se contenta con delimitar el territorio a su manera. Mientras en Bilbao recurren a un clásico, la metralla, en Barcelona optan por Carod, que es explosivo con temporizador al cifrar el hombre en siete años el plazo para que la señera sea la única señora de la casa. Y en Vigo ensalzan el ADN celta como lo último en cromosoma histórico. Ahí se pasan de velocidad. Me viene a la cabeza Siniestro Total y me ocurre lo que al que es feo, que no las tengo todas conmigo.
La cuestión es que en tanto los nacionalismos desencuadernan el país con una estrategia de libro yo me veo incapaz de leerles la cartilla, lo que no resulta nada extraño si se considera que en dos de ellas somos el Real Madrid de Franco, el partido del Gobierno, y en la otra compartimos el objetivo de quedarnos con las nueces que casca la banda. Por eso me hago el loco cada vez que sale a colación el tema de la separación de bienes, si bien es cierto que quienes quieren salir del país a portazos me sacan de quicio.
Con lo fácil que es callar hasta mejor ocasión a qué viene que Rovira nos lleve con la lengua fuera por su empeño de no meterla en paladar para darle gusto a los radicales. Y a qué viene que los bárbaros del norte tengan a Atila por modelo a seguir y no tengan en cuenta que el concepto guerra sin cuartel no se refería al de Durango. Y a qué viene que en el terruño de Rosalía nos pongan a caldo en gallego. Te digo que no sé si los mamones existen, pero desde luego haberlos, haylos.
Menos mal que no todo está perdido en el resto de España gracias al carácter bipolar de la ciudadanía, a la que tengo ahora en estado de euforia merced a mí buen oficio con la propaganda política. Ni los desequilibrios territoriales, ni la fiebre del oro inmobiliario ni la depresión del Ebro por el trasvase han minado la salud de un Ejecutivo experto en tranquilizar a las masas con dosis de optimismo institucional. O en poner de los nervios al rebaño con la advertencia de que viene el lobo. El maniqueísmo pastoril es lo que tiene: Pi o Margall, Villagarcia o Arosa, yo o el caos. Pues yo, claro.
El único aspecto positivo que ofrece la situación es que Polonia no es nación limítrofe. Y es que después de anular mi visita oficial por cansancio me daría fatiga que esta gente invadiese a ese gran pueblo del mar Báltico gobernado por clones sin guitarra de Los del Río. Por lo pronto el trío la-la-la (la independencia, la autodeterminación, la puta España) se contenta con delimitar el territorio a su manera. Mientras en Bilbao recurren a un clásico, la metralla, en Barcelona optan por Carod, que es explosivo con temporizador al cifrar el hombre en siete años el plazo para que la señera sea la única señora de la casa. Y en Vigo ensalzan el ADN celta como lo último en cromosoma histórico. Ahí se pasan de velocidad. Me viene a la cabeza Siniestro Total y me ocurre lo que al que es feo, que no las tengo todas conmigo.
La cuestión es que en tanto los nacionalismos desencuadernan el país con una estrategia de libro yo me veo incapaz de leerles la cartilla, lo que no resulta nada extraño si se considera que en dos de ellas somos el Real Madrid de Franco, el partido del Gobierno, y en la otra compartimos el objetivo de quedarnos con las nueces que casca la banda. Por eso me hago el loco cada vez que sale a colación el tema de la separación de bienes, si bien es cierto que quienes quieren salir del país a portazos me sacan de quicio.
Con lo fácil que es callar hasta mejor ocasión a qué viene que Rovira nos lleve con la lengua fuera por su empeño de no meterla en paladar para darle gusto a los radicales. Y a qué viene que los bárbaros del norte tengan a Atila por modelo a seguir y no tengan en cuenta que el concepto guerra sin cuartel no se refería al de Durango. Y a qué viene que en el terruño de Rosalía nos pongan a caldo en gallego. Te digo que no sé si los mamones existen, pero desde luego haberlos, haylos.
Menos mal que no todo está perdido en el resto de España gracias al carácter bipolar de la ciudadanía, a la que tengo ahora en estado de euforia merced a mí buen oficio con la propaganda política. Ni los desequilibrios territoriales, ni la fiebre del oro inmobiliario ni la depresión del Ebro por el trasvase han minado la salud de un Ejecutivo experto en tranquilizar a las masas con dosis de optimismo institucional. O en poner de los nervios al rebaño con la advertencia de que viene el lobo. El maniqueísmo pastoril es lo que tiene: Pi o Margall, Villagarcia o Arosa, yo o el caos. Pues yo, claro.
domingo, 26 de agosto de 2007
Eufemismos
Sonsoles, recuérdame que denomine terroristas a los violentos y no al revés, como acabo de hacer de nuevo tras el atentado de Durango. No es que me atranque con la semántica, es que no tengo palabras para expresar siquiera a media voz la repulsa por la vuelta de ETA al negocio del titadyne. Ya me gustaría a mí llamarles de todo, incluso la atención, pero aunque parte de la población española está que muerde no es conveniente en pleno proceso de negociación decirles a los que matan que son unos perros muertos.
Tiempo tendré si siguen empeñados en la guerrilla de darle a la lengua, pero ahora debo de optar por la literatura para confundir al ciudadano con eufemismos. Experiencia en estas lides me sobra, todo sea dicho, puesto que aunque no soy de porros tengo menos querencia por las cosas claras que por el chocolate espeso. Día llegará en que el mal café de esta gente, cuyo valor excede los 80 céntimos por el impuesto revolucionario, propicie que les dé dos leches, pero aún así serán semidesnatadas. No puedo evitarlo.
Sin salirnos de las calorías, sabes que aunque me llaman soso soy más bien hombre sin azúcar porque al ser imperturbable no me engordan las irritaciones. Así que no me afecta en exceso que la banda haya acabado con el momento dulce que atravesaba el Gobierno tras darle caña a Mariano en el debate. Lo que me importa es que los españoles tengan una reacción desabrida que me deje con la miel del poder en los labios. Si me huelo que esto va a pasar cambiaré de registro tan rápido que no te extrañe que, a fuerza de rectificar, le birle el apodo a Alfonso el de las cantigas.
No en vano resulta fácil ser sabio en esta nación de naciones cuando se mosquea el gallinero por alguna declaración ofensiva. Basta con añadir a modo de defensa que el insulto en cuestión se refería en exclusiva a la caverna. Mira si no al actor Pepe Rubianes, quien tras llamar ramera a España tuvo una idea de puta madre patria al puntualizar que se refería a la parte del país que se cargó a Lorca. No a la de Pepe el Romano sino a la que honra a Mussolini. No a la de Poeta en Nueva York sino a la que apoya a quien escribe en Washington la elegía de Irak. No a la de Bodas de sangre sino a la que se casa por la iglesia.
También se la ha tenido que envainar Rosa Regás, que es mujer espada por su tendencia a pinchar, quien tras mostrar su alegría por el descenso en la venta de periódicos matizó que aludía a los de extrema derecha. El problema para la directora de la Biblioteca Nacional es que desde que cerró El Alcázar no ha habido novedad editorial relacionada con la División Azul. De modo que habrá que estar muy encima de ella, no sea que se refiera al Arriba. Si es así demostraría que vive en una nube, la del capitán Trueno, o que ve falange donde no hay más que derecha auténtica. Para mí que a esta mujer odia a la transición porque la dejó sin dictadura a la que apalear. Lo suyo es tan grave que se trata, que yo sepa, del primer caso en que muerto el perro comenzó la rabia.
Tiempo tendré si siguen empeñados en la guerrilla de darle a la lengua, pero ahora debo de optar por la literatura para confundir al ciudadano con eufemismos. Experiencia en estas lides me sobra, todo sea dicho, puesto que aunque no soy de porros tengo menos querencia por las cosas claras que por el chocolate espeso. Día llegará en que el mal café de esta gente, cuyo valor excede los 80 céntimos por el impuesto revolucionario, propicie que les dé dos leches, pero aún así serán semidesnatadas. No puedo evitarlo.
Sin salirnos de las calorías, sabes que aunque me llaman soso soy más bien hombre sin azúcar porque al ser imperturbable no me engordan las irritaciones. Así que no me afecta en exceso que la banda haya acabado con el momento dulce que atravesaba el Gobierno tras darle caña a Mariano en el debate. Lo que me importa es que los españoles tengan una reacción desabrida que me deje con la miel del poder en los labios. Si me huelo que esto va a pasar cambiaré de registro tan rápido que no te extrañe que, a fuerza de rectificar, le birle el apodo a Alfonso el de las cantigas.
No en vano resulta fácil ser sabio en esta nación de naciones cuando se mosquea el gallinero por alguna declaración ofensiva. Basta con añadir a modo de defensa que el insulto en cuestión se refería en exclusiva a la caverna. Mira si no al actor Pepe Rubianes, quien tras llamar ramera a España tuvo una idea de puta madre patria al puntualizar que se refería a la parte del país que se cargó a Lorca. No a la de Pepe el Romano sino a la que honra a Mussolini. No a la de Poeta en Nueva York sino a la que apoya a quien escribe en Washington la elegía de Irak. No a la de Bodas de sangre sino a la que se casa por la iglesia.
También se la ha tenido que envainar Rosa Regás, que es mujer espada por su tendencia a pinchar, quien tras mostrar su alegría por el descenso en la venta de periódicos matizó que aludía a los de extrema derecha. El problema para la directora de la Biblioteca Nacional es que desde que cerró El Alcázar no ha habido novedad editorial relacionada con la División Azul. De modo que habrá que estar muy encima de ella, no sea que se refiera al Arriba. Si es así demostraría que vive en una nube, la del capitán Trueno, o que ve falange donde no hay más que derecha auténtica. Para mí que a esta mujer odia a la transición porque la dejó sin dictadura a la que apalear. Lo suyo es tan grave que se trata, que yo sepa, del primer caso en que muerto el perro comenzó la rabia.
sábado, 25 de agosto de 2007
El retorno de Ternera
Sonsoles, ya ha roto ETA el alto el fuego de baja intensidad que mantenía a medio gas la posibilidad de que la banda dejara de ser letal. Cien kilos de explosivo, que es cifra redonda, han bastado a estos cabezas cuadradas para convertir el cuartel de Durango en Guernica de andar por casa. A falta de cazas alemanes han sido nazis de ikurriña los que han destrozado la factoría de tricornios. Siempre es de agradecer que los verdugos sean del propio pueblo porque así al mentarles a la madre se conoce de sobra si existe responsabilidad paterna en la tendencia asesina de los vástagos o si, por el contrario, las criaturas descarriadas son de buena familia.
Ya metidos en ovejas negras sigo de ruta por el prado vasco porque mis servicios de inteligencia, que no están compuestos por báteres con microchip sino por gente lista que te cagas, aseguran que ha sido Ternera el que ha ordenado a los mozos de guardia que embistan contras las garitas. De lo cual deduzco que el bueno de Josu, ahora que estaba a punto de entrar en la reserva, ha dado un golpe poli mili en la banda por ver si convierte a Txeroki en último mohicano.
La pugna por el poder etarra es lo que tiene. Cuando uno de estos dice a chulo yo, olvídate de Nacho Vidal. Si Ternera quiere demostrar que tiene el par mejor puesto que el número uno lo mismo es capaz de montar un dos de mayo que un siete de julio. De ahí lo de Durango, que a la vez que aclara quién maneja el timón es aviso para navegantes, tal que un servidor, que tenia medio apalabrado con el veterano gudari conciliar sin hacer pupa el RH vasco con la sangre española.
Por eso me ha defraudado este hombre. Menos por detrás, le he dado cuanto me ha pedido. Sobre todo tiempo para reorganizar a la banda. Capullo de mí que hasta he permitido que la franquicia de Batasuna esté presente en los ayuntamientos. En mi descargo debo aclarar que la intención última al permitirles participar en los plenos era ver si optaba por el mal menor de ser concejal de urbanismo alguno de los que quieren cargarse el edificio constitucional.
He tenido tanta manga ancha como Ternera estrechez de miras porque tras el atentado nadie gana. Los que han volado todo por la patria vasca aseguran que no tienen nada que perder, pero se equivocan porque al desplazar las fallas a Durango queman la estrategia del diálogo, de modo que nos impide decir palabras bonitas a los españoles ahora que el panorama se pone feo.
Peor podía haber sido, desde luego. Como soy hombre solitario no me gusta acompañar a nadie, ni siquiera en el sentimiento, así que me alegro de que no haya víctimas mortales. Entre otras cosas porque lo que me acerca al pésame me aleja del poder. A ver si el río revuelto me va a hacer perder las elecciones ahora que le sacaba varios cuerpos al del Miño. Como estos cerdos perpetren una matanza de aquí a marzo me veo en el lugar de Mariano. Salvo, claro está, que los españoles asuman que la alternativa es de armas tomar. Para evitar el triunfo del PP tengo que decirle a los medios amigos que bombardeen a la opinión pública con la idea de que, en cuestión de esperanza, mejor de paz que de Aguirre.
Ya metidos en ovejas negras sigo de ruta por el prado vasco porque mis servicios de inteligencia, que no están compuestos por báteres con microchip sino por gente lista que te cagas, aseguran que ha sido Ternera el que ha ordenado a los mozos de guardia que embistan contras las garitas. De lo cual deduzco que el bueno de Josu, ahora que estaba a punto de entrar en la reserva, ha dado un golpe poli mili en la banda por ver si convierte a Txeroki en último mohicano.
La pugna por el poder etarra es lo que tiene. Cuando uno de estos dice a chulo yo, olvídate de Nacho Vidal. Si Ternera quiere demostrar que tiene el par mejor puesto que el número uno lo mismo es capaz de montar un dos de mayo que un siete de julio. De ahí lo de Durango, que a la vez que aclara quién maneja el timón es aviso para navegantes, tal que un servidor, que tenia medio apalabrado con el veterano gudari conciliar sin hacer pupa el RH vasco con la sangre española.
Por eso me ha defraudado este hombre. Menos por detrás, le he dado cuanto me ha pedido. Sobre todo tiempo para reorganizar a la banda. Capullo de mí que hasta he permitido que la franquicia de Batasuna esté presente en los ayuntamientos. En mi descargo debo aclarar que la intención última al permitirles participar en los plenos era ver si optaba por el mal menor de ser concejal de urbanismo alguno de los que quieren cargarse el edificio constitucional.
He tenido tanta manga ancha como Ternera estrechez de miras porque tras el atentado nadie gana. Los que han volado todo por la patria vasca aseguran que no tienen nada que perder, pero se equivocan porque al desplazar las fallas a Durango queman la estrategia del diálogo, de modo que nos impide decir palabras bonitas a los españoles ahora que el panorama se pone feo.
Peor podía haber sido, desde luego. Como soy hombre solitario no me gusta acompañar a nadie, ni siquiera en el sentimiento, así que me alegro de que no haya víctimas mortales. Entre otras cosas porque lo que me acerca al pésame me aleja del poder. A ver si el río revuelto me va a hacer perder las elecciones ahora que le sacaba varios cuerpos al del Miño. Como estos cerdos perpetren una matanza de aquí a marzo me veo en el lugar de Mariano. Salvo, claro está, que los españoles asuman que la alternativa es de armas tomar. Para evitar el triunfo del PP tengo que decirle a los medios amigos que bombardeen a la opinión pública con la idea de que, en cuestión de esperanza, mejor de paz que de Aguirre.
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