Sonsoles, las Rosas me tienen tan harto que no sé si hacerme podador resentido o pedir asilo político en la tuna para darles en los morros con sus rivales los clavelitos. Primero fue la Regás y ahora es la Diez, quien se ha creído clon vasco de Rosa Luxemburgo mientras la catalana, experta en escándalos, se ha debido inspirar en Estefanía de Mónaco. Más me habría valido que ambas, tan pagadas de sí mismas, fueran narciso de un día porque al durar más de la cuenta me han metido en tal jardín que, a fuerza de ponerme mal cuerpo, han afectado hasta a mi flora intestinal.
Menos mal que estoy abonado a la teoría de que por bien no venga. El robo a la bibliotecaria nacional de dos mapas mundi incunables ha propiciado que el ministro le haya hecho la cama a la directora, así que por ese lado me puedo echar a dormir, que es lo mío, pero la otra dama se ha largado viva del partido para eludir la disciplina. Bien sabía la loba que el comité de garantías del PSOE no cubre la crítica feroz al presidente, así que ha estado ágil al salir con la cabeza alta antes de que le diéramos de baja.
A mí que me ponga tibio me deja frío. Tampoco me acalora su decisión de montar un partido tan a medio camino entre Pablo Iglesias y la democracia cristiana que a ese viaje a ninguna parte se ha apuntado una parroquia deudora por igual del ejército rojo y de la división azul. Y no me preocupa porque no le veo yo futuro político al cóctel, toda vez que la tradición enseña que la criatura resultante de mezclar churras y merinas es siempre la oveja negra.
Además, tengo claro que si el nuevo partido araña algún voto será de Mariano, que es tigre de papel, aunque sus periódicos le comparen con el de Malasia. De mi urna no se escapará ninguno porque los sufragios socialistas están asentados por vía alimentaria: una cuarta parte procede de estómagos agradecidos y otra de ganapanes. De manera que es impensable que alguno de los míos tenga una idea que le haga perder a la vez el sustento y la cabeza.
Así que el dolor será para el celta si lo de la vasca sale adelante porque tienen un discurso similar en política antiterrorista. Tanto Rajoy como Díez entienden que hay que volver a pararle los pies a ETA para evitar que la banda vuelva a las andadas. Yo, aunque tropiece, soy más de tenderle la mano, lo que pone negra a Rosa. Pues no quiero ser cruel con la que va de madraza pero tampoco me gusto a mí en pleno proceso de paz su abrazo con Pilar Elías. De puro contentas parecía el de la perfecta casada con la viuda alegre.
viernes, 31 de agosto de 2007
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