miércoles, 29 de agosto de 2007

El Rey se sale de cuentas

Sonsoles, la saña republicana con que mis socios de Gobierno le piden cuentas al Rey ha forzado al monarca a contratar a un interventor para que apunte todo el gasto, aunque sea en género chico, que acometa la Zarzuela. IU y ERC denuncian que la corona se hace la sueca a la hora de presentar el albarán, pero este empeño se volverá en contra de quienes, para mover la silla a don Juan Carlos, intentan demostrar que la institución se gasta lo suyo, que es lo nuestro, en tronos. Primero porque lo más que merca es sofá cama. Segundo porque la inspección no va a motivar que la gran familia se apriete el cinturón así venga, como es borbónica costumbre, uno más al mundo. Y tercero porque servirá en cambio para que los españoles, al conocer la inversión regia al dedillo, tengan claro que el jefe del Estado no gasta a manos llenas.
Tal es la alopecia mental de Llamazares y Carod que se les ven las malas ideas de lejos. Su intención no es otra que motivar que los que cobran del presupuesto paguen el pato ante la opinión pública por una supuesta tendencia al despilfarro. Con tal de morder estos son capaces de cuestionar hasta que tomen un bocado. Quieren trasladar a los ciudadanos que en la mantelería real las angulas son como las aceitunas en la mesa de los españoles del montón, una constante, pero ahí dan en hueso. En el menú del día de la Zarzuela no ponen caviar para picar ni sus altezas se escarban los dientes con palillos de oro. Me río yo, es cierto, de que acompañen la chistorra con vino peleón en vez de con Ribera del Duero, pero es que ahora cualquier familia de clase media no empieza a masticar el asado si no tiene al lado un borgoña. Que se le pregunten a Arenillas.
Lo que sucede es que la envidia es muy mala y la incoherencia su amiga íntima. A los Borbones le cuestionan el presupuesto aquellos que se funden el erario público en lo que les sale. Pongamos como ejemplo a Rovira, miembro del un tripartito, el anterior, que se gastó tanto en sondeos que más habría rentado a la Generalitat invertir esa pasta en buscar agua. Tirar el dinero incapacita a personajes tan políticamente hundidos a cuestionar otros fondos.
Lo que le sucede a esta gente es que tiene añoranza de la historia. Yo también, que conste. Pero mi memoria comienza en la España del 31 y estos quieren retroceder a la Rusia del 17. No digo yo, por supuesto, que tengan preparado para el clan de la sangre azul el futuro de paredón que se les propinó a sus primos los zares. Esta vez, imagino, la pólvora no la tirarían contra los del Rey, pero es seguro que del exilio no se escapaba ninguno.
Por eso traen la que traen con el dinero público que reciben sus majestades. Y por eso, a fuerza de vivir en el siglo pasado, el del resentimiento, los republicanos no contabilizan a la familia en euros sino en pesetas. De hecho, para Carod y Llamazares don Juan Carlos y don Felipe no son más que los dos reales, doña Elena no pasa de rubia, y la infanta Cristina, siempre a punto de salir de cuentas, es la perra gorda.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Es cierto que el cambio de nombre del teatro de Jaén es idea de Carod?