domingo, 26 de agosto de 2007

Eufemismos

Sonsoles, recuérdame que denomine terroristas a los violentos y no al revés, como acabo de hacer de nuevo tras el atentado de Durango. No es que me atranque con la semántica, es que no tengo palabras para expresar siquiera a media voz la repulsa por la vuelta de ETA al negocio del titadyne. Ya me gustaría a mí llamarles de todo, incluso la atención, pero aunque parte de la población española está que muerde no es conveniente en pleno proceso de negociación decirles a los que matan que son unos perros muertos.
Tiempo tendré si siguen empeñados en la guerrilla de darle a la lengua, pero ahora debo de optar por la literatura para confundir al ciudadano con eufemismos. Experiencia en estas lides me sobra, todo sea dicho, puesto que aunque no soy de porros tengo menos querencia por las cosas claras que por el chocolate espeso. Día llegará en que el mal café de esta gente, cuyo valor excede los 80 céntimos por el impuesto revolucionario, propicie que les dé dos leches, pero aún así serán semidesnatadas. No puedo evitarlo.
Sin salirnos de las calorías, sabes que aunque me llaman soso soy más bien hombre sin azúcar porque al ser imperturbable no me engordan las irritaciones. Así que no me afecta en exceso que la banda haya acabado con el momento dulce que atravesaba el Gobierno tras darle caña a Mariano en el debate. Lo que me importa es que los españoles tengan una reacción desabrida que me deje con la miel del poder en los labios. Si me huelo que esto va a pasar cambiaré de registro tan rápido que no te extrañe que, a fuerza de rectificar, le birle el apodo a Alfonso el de las cantigas.
No en vano resulta fácil ser sabio en esta nación de naciones cuando se mosquea el gallinero por alguna declaración ofensiva. Basta con añadir a modo de defensa que el insulto en cuestión se refería en exclusiva a la caverna. Mira si no al actor Pepe Rubianes, quien tras llamar ramera a España tuvo una idea de puta madre patria al puntualizar que se refería a la parte del país que se cargó a Lorca. No a la de Pepe el Romano sino a la que honra a Mussolini. No a la de Poeta en Nueva York sino a la que apoya a quien escribe en Washington la elegía de Irak. No a la de Bodas de sangre sino a la que se casa por la iglesia.
También se la ha tenido que envainar Rosa Regás, que es mujer espada por su tendencia a pinchar, quien tras mostrar su alegría por el descenso en la venta de periódicos matizó que aludía a los de extrema derecha. El problema para la directora de la Biblioteca Nacional es que desde que cerró El Alcázar no ha habido novedad editorial relacionada con la División Azul. De modo que habrá que estar muy encima de ella, no sea que se refiera al Arriba. Si es así demostraría que vive en una nube, la del capitán Trueno, o que ve falange donde no hay más que derecha auténtica. Para mí que a esta mujer odia a la transición porque la dejó sin dictadura a la que apalear. Lo suyo es tan grave que se trata, que yo sepa, del primer caso en que muerto el perro comenzó la rabia.

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