lunes, 27 de agosto de 2007

Eje Solsona-Irún-Marín

Sonsoles, el eje Solsona-Irún-Marín nos ha declarado la guerra sin segundas. A las claras. Mientras los vascuences prueban la artillería, los catalanes amenazan a medio plazo y los gallegos rinden tributo a la ópera del Tercer Reich al simpatizar con la aria. Tal se deduce de la recaída terrorista, del anuncio de independencia para Cataluña a partir de 2014 y de la exaltación oficial de la raza superior celta. Frente a esto sólo podemos oponer la sangre de las víctimas, el sudor frío de la población y mis lágrimas de cocodrilo. Churchill puro, vamos.
El único aspecto positivo que ofrece la situación es que Polonia no es nación limítrofe. Y es que después de anular mi visita oficial por cansancio me daría fatiga que esta gente invadiese a ese gran pueblo del mar Báltico gobernado por clones sin guitarra de Los del Río. Por lo pronto el trío la-la-la (la independencia, la autodeterminación, la puta España) se contenta con delimitar el territorio a su manera. Mientras en Bilbao recurren a un clásico, la metralla, en Barcelona optan por Carod, que es explosivo con temporizador al cifrar el hombre en siete años el plazo para que la señera sea la única señora de la casa. Y en Vigo ensalzan el ADN celta como lo último en cromosoma histórico. Ahí se pasan de velocidad. Me viene a la cabeza Siniestro Total y me ocurre lo que al que es feo, que no las tengo todas conmigo.
La cuestión es que en tanto los nacionalismos desencuadernan el país con una estrategia de libro yo me veo incapaz de leerles la cartilla, lo que no resulta nada extraño si se considera que en dos de ellas somos el Real Madrid de Franco, el partido del Gobierno, y en la otra compartimos el objetivo de quedarnos con las nueces que casca la banda. Por eso me hago el loco cada vez que sale a colación el tema de la separación de bienes, si bien es cierto que quienes quieren salir del país a portazos me sacan de quicio.
Con lo fácil que es callar hasta mejor ocasión a qué viene que Rovira nos lleve con la lengua fuera por su empeño de no meterla en paladar para darle gusto a los radicales. Y a qué viene que los bárbaros del norte tengan a Atila por modelo a seguir y no tengan en cuenta que el concepto guerra sin cuartel no se refería al de Durango. Y a qué viene que en el terruño de Rosalía nos pongan a caldo en gallego. Te digo que no sé si los mamones existen, pero desde luego haberlos, haylos.
Menos mal que no todo está perdido en el resto de España gracias al carácter bipolar de la ciudadanía, a la que tengo ahora en estado de euforia merced a mí buen oficio con la propaganda política. Ni los desequilibrios territoriales, ni la fiebre del oro inmobiliario ni la depresión del Ebro por el trasvase han minado la salud de un Ejecutivo experto en tranquilizar a las masas con dosis de optimismo institucional. O en poner de los nervios al rebaño con la advertencia de que viene el lobo. El maniqueísmo pastoril es lo que tiene: Pi o Margall, Villagarcia o Arosa, yo o el caos. Pues yo, claro.

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