jueves, 30 de agosto de 2007

Gol separatista

Sonsoles, el Gobierno de la ciudad condal nos ha metido un gol separatista a través del hijo menor del deporte rey. La autonomía que quiere despedirse de España a la francesa aprovecha un torneo de fútbol sala en Argentina para participar con rango de nación, lo que significa que entona en plena pampa el adiós rambla mía con arreglos de rumba catalana. De resultas de esto a partir de ahora cualquier partido tendrá un componente político de tal magnitud que raro será que la afición culé no plantee desde las gradas la autodeterminación para Peret y exija que dejemos lliure al borriquito como tú.
En este caso el tripartito oficia de tridente atacante contra el poder que defiendo porque ha hecho entrega a la selección autóctona de una subvención cuyo objeto es que los muchachos cobren por pase para que a cambio escuchen a pie de césped como caballeros, con la mano en el pecho, el himno de Els Segadors. A los promotores de la idea no les importa tanto que su líbero desborde al contrario en banda izquierda como que el conjunto, cuando cuele un tanto, en vez de improvisar una melé se marque una sardana. También será costumbre a partir de ahora que ante el lanzamiento de una falta el central pida independencia en lugar de barrera.
Pues ya está bien. Propiciar que la selección catalana compita en torneos internacionales es no sólo juego sucio sino también embarazo no deseado a fuerza de romper las reglas. La situación es tan absurda que no sé como explicarla a la ciudadanía sin parecer harto de copas. Ni borracho pensaba que el combinado nacional, otrora vino con gaseosa, iba a pasar a ser el cava con Penedés en el enclave de Montilla. Así que aunque pase un mal trago tendré que advertir a la Generalitat de que de este agua no beberé.
Lo malo es que, como siempre, estoy entre la pared de la masía y la espada del Cid. Por un lado me debo al equipo catalán y por otro al del resto de España. De modo que tendré que recurrir de nuevo a la táctica del avestruz para marear la perdiz en el área chica. No tengo que tirar de pizarra para saber que cuando Cataluña chuta lo mejor es oficiar de Praxisteles en la meta a fuerza de hacer la estatua. Aunque eso indique que en mi portería realiza las estiradas la Venus de Milo.
Por eso el Consejo Superior de Deportes, que tiene encomendada la defensa de los intereses nacionales en materia de córpore sano, no mete la pierna para parar la afrenta. En su descargo hay que decir que la independencia es mira elevada y esta gente no da la talla en el juego por alto. Suerte para ella que la selección catalana tiene prohibido lanzar balones a la olla. Y no porque sea balón para nadie sino porque es concepto próximo al cocidito madrileño.

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