Sonsoles, con la iglesia hemos chocado. Los de la tierra prometida nos la tienen jurada. Ponen el alma en combatir nuestra política de vanguardia, consistente en llamar matrimonio a lo que Dios no ha unido y en mandar a la religión al limbo educativo. Pues tampoco es para que se pongan así. No veo yo que demos el número al aceptar el emparejamiento de dos del mismo género ni que sea tan perjudicial, aunque el alumnado sea de letras, pasar de curso sin saber que al principio fue el verbo.
Cierto que en mi condición de laico mi única fe reconocida es la de errores, pero no es de recibo que el gremio de la sotana diga siempre que me equivoco. Ya está bien. A partir de ahora me van a tener enfrente. Me voy a hacer el gallo con los que van a misa. Tengo que desacreditar a la curia de tal modo que cuando acabe con ella su máximo órgano episcopal en lugar de conferencia no pasará de charla coloquio.
Y haré más: como buen agnóstico, cuando hablen del que multiplicó los panes y los peces y caminó sobre el mar yo replicaré que por el monte las sardinas, tralará. Si aluden a la parábola del buen pastor, les recitaré el cuento de Pedro y el lobo. Si a la del hijo pródigo les replicaré con su antítesis, López Garrido. No les voy a dar tregua. De hecho, me planteo incluso ordenar a Rubalcaba que cada vez que se recree la última cena mande a la pareja a pedirle al que reparte el pan y el vino el carné de manipulador de alimentos.
Y eso no es todo. respaldo a mi entre amigos para que apoyen al clero de la parroquia de Entrevías, la única del mundo en la que para ser aceptado por la comunidad católica cotiza al alza no ser creyente. Así que allí están Zerolo, monaguillo de ocasión, y Bono, sacristán de conveniencia. Allí están, para hacer el indio contra la religión de Teresa de Calcuta. Allí los tengo, en un templo donde para comulgar, en vez de lo que Dios manda, dan rosquilla, lo que, aunque no llega a media hostia, alcanza de sobra la categoría de golpe bajo.
Y esto no ha hecho más que empezar. Con tal de fastidiar a los curas conservadores hasta estoy dispuesto a decretar la afinidad ideológica entre la II república y el Vaticano II, aunque de esto deduzcan sus eminencias que en lo que a mí concierne la medida universal de la inteligencia son los dos dedos de frente.
Ya puestos, ordenaré controles semanales de alcoholemia a los adictos a la viña del Señor y la proyección obligatoria de Amanece, que no es poco, a los de la Adoración Nocturna. Incluso he pedido al ex alcalde de Marbella que recalifique las cuatro esquinitas y, dado que lo transitan los acólitos del cordero de Dios, estudio convertir el camino de Santiago en vía pecuaria.
martes, 10 de julio de 2007
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1 comentario:
Luego dicen que es Zapatero el que se mete conla Iglesia, pero también la Iglesia tiene mucho que callar...
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