sábado, 13 de octubre de 2007

Agua bendita o vil metal

Sonsoles, soy de la opinión de que los caídos por España durante el alzamiento no deben compartir espacio con quien levantó a Lázaro, así que me he tomado la libertad con ira de exigir al clero que retire de las residencias del alma las placas alusivas al espíritu nacional. En concreto, a las diócesis que no cumplan el mandato de suprimir las huellas de la cruzada de sus iglesias amenazo con cortarles el grifo para que elijan entre el agua bendita o el vil metal.
Como no tengo dudas sobre la opción que escogerán, que no olviden que la ley de la memoria histórica les va a forzar a renunciar al tradicional método del badajo para anunciar que hay misa. Que les quede claro que, sin euros para arreglar las que se echan al vuelo, cuando éstas doblen lo harán por ellas mismas. Hasta tal punto estoy dispuesto a mostrarme inflexible sobre el particular que he ordenado al ICO que no conceda créditos blandos a Lois si persiste en fabricar pantalones de campana.
Ahora nos acusará Rouco de obrar con mala fe por pedirle a la Iglesia que borre de las parroquias el recuerdo de los sacerdotes a cambio de dinero para renovar sotanas. Dirá que si la curia tiene a bien honrar a sus mártires desde que asaetearon a San Sebastián no retirará el símbolo de las flechas de la lista de bajas de curas sometidos al yugo rojo ni por todo el oro de Moscú. Y a lo mejor hasta sale con que quienes llevan dos milenios de persecuciones bien pueden aguantar sin hincar la rodilla las tarascadas de esta legislatura, en la que en lugar de echar a los católicos a los leones los hemos echado a los progres, al lado de los cuales los reyes de la selva son tigres de papel.
Pues que se atenga. Monseñor no tiene más que mantenerse en sus trece si quiere que los seglares que asistan a la eucarístia escuchen a Bach en una gramola. Con el pretexto de que los socialistas, en cuestión de órganos, apostamos sólo por los que sirven para trasplantes, quienes acudan a las catedrales con la intención de escuchar música celestial se tendrán que contentar, cuando el instrumento esté averiado, con oír en play back la sintonía de los ángeles de Charlie. O, en su defecto, con una versión rumbera de Angelitos negros a cargo de Azúcar Moreno.
Espero que los católicos no vean en esto nada personal. Hacer el mal a los adictos a los hechos de los apóstoles forma parte de mi estrategia para la destrucción de régimen constitucional. Sin el soporte espiritual que le brinda la Iglesia sería menos difícil vencer a la derecha que a un niño de teta. En un país como éste, tan dado a mamar del Estado, poco pueden hacer los adalides del liberalismo, doctrina del sálvese quien pueda, frente a quienes subvencionamos con partidas avícolas hasta los gargajos del que nos demuestre que tienen algo que ver con los pollos.
Queda claro que Mariano no sería nada si no tuviera detrás a Antonio María. De ahí mi intento de propiciar que el pueblo recupere el anticlericalismo de otras épocas, si bien sería conveniente, aunque esté Llamazares por medio, que en la actualidad no se abriera fuego contra la casullas ni se quemaran conventos. Con expulsar a la curia de la vida pública sería suficiente. Esa es mi misión: contraponer la segunda república al reino de los cielos. Prefiero un país caótico en el que yo ordene a una España como Dios manda.

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