Sonsoles, lo peor que le puede pasar a un país no es que acoja entre su población a Murphy, el representante de la ley, y a Peter, el del principio, sino que un amigo común los presente a ambos: aquí el de la tostada aciaga, aquí el inútil de mi jefe. Pues me da a mí que se conocen y que residen en España, donde si algo puede ir fatal, irá peor, y donde la incompetencia campa a sus anchas por Castilla y alrededores. Y me da también que las teorías de estos dos personajes confluyen en mi humilde persona. Sólo así se explica que la rebanada de pan de molde siempre se me caiga por el lado del Tulipán y que, tras alcanzar la presidencia, la nación haya pasado de estar entre las grandes a estar en retirada.
Las pruebas son concluyentes: esto era una balsa de virgen extra con apenas medio grado de acidez y conmigo es un tsunami de ricino, donde se ahuma al rey, se alancea a la Iglesia, se agita la guerra civil, se decreta amnesia parcial para la memoria histórica y se da alas al País Vasco para que crea que puede volar por libre. De resultas de lo cual tengo al Borbón dándose importancia, al clero dándome estopa y a ETA dándole trabajo al hospital de Bilbao al herir de gravedad a un pobre escolta en venganza por meter en la trena a los teloneros de la banda, a Batasuna y sus mariachis, al brazo político de la mano negra.
Por si esto fuera poco, Prisa, otra agraviada, me declara persona non grata, con el riesgo que eso supone para mi salud política en vísperas del sufragio universal. A mí que El País me falte el respeto a diario no me importa, dado que aquí, a fuerza de no leer más periódicos que el Marca, casi todos creen que una entradilla es la falta leve que le hizo Pujol a Agüero el otro día. Lo que me pone de los nervios es la hipótesis de que el grupo ataque con la SER. Si la emisora hermana es capaz de decir sin contrastarlo que un moro se inmoló en Atocha con tres pares de calzoncillos, puede inventarse también cualquier cosa contra mí para dejarme en bragas.
Con todo en contra, sólo me salva que alguien prestigie fuera lo que yo rompo dentro por ver de subirme al carro, aunque sea un Mclaren, para que la gente olvide que soy el causante de los destrozos. Así, en caso de que Alonso gane el campeonato del mundo el primero que hará patria será tu marido. Me planteo por eso acudir a Interlagos, si bien, visto lo que pasó con el baloncesto, presenciar la carrera sería contraproducente. Con la suerte que doy, Fernando no es que pierda el título, es que acaba como probador de Pedro Bello en los autos locos. Con el menda en el papel de Pierre Nodoyuna, claro está.
martes, 9 de octubre de 2007
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