lunes, 1 de octubre de 2007

Trama vasca

Sonsoles, Ibarretxe me va a oír. Otra cosa es que me escuche, pero oírme, me oye. El lehendakari dice que no le temblará el pulso para cortar con España por lo sano, pero te aseguro que cuando termine con él le nombran embajador vitalicio del Parkinson. Si el presidente vasco persiste en sacar adelante el referendo de autodeterminación te garantizo que, por este orden, le saco los colores, los ojos y los tanques.
Juan José quiere pasar a los anales como el hombre que inventó la pólvora, pero se olvida de que ese hallazgo me pertenece. Mucho antes de que él patentara la fórmula para dinamitar la nación había hecho yo lo propio. La diferencia es que mientras el de Álava anuncia sus planes a bomba y platillo, tu maridito utiliza la táctica del silencio para que los españoles no perciban que la otrora grande España amenaza con quedarse en patria chica.
Así que ya puede anunciar plebiscito el jefe de la trama vasca, que fuera de la médica no habrá consulta, salvo que pretenda, claro está, que a guantazo limpio San Sebastián haga honor a su denominación euskaldún. Y es que exigir la independencia de Donostia acarrea el riesgo que le den dos por pasarse de la raya. Plantear el autogobierno del Peine de los vientos está bien como cana política al aire, como salida de tono eventual, como amago de secesión, pero convertir en causa común de la sociedad vascongada el delirio soberanista es empresa de Quijotes, no tanto por ser noble como por ser de locos.
Para que el PNV retome la cordura propongo de primero psicoanálisis, que es diálogo en diván, y, caso de que fracase, planteo de segundo terapia de choque entre los polis del Estado y los milis de ETA. Tampoco descarto, si la cosa empeora, poner la camisa de fuerza al que se ha metido en una de once varas. Tanto es así que hasta el alcalde de Bilbao pronostica un incremento de la frustración nacionalista cuando la euforia inicial troque en depresión postparto por la imposibilidad jurídica de que en Euskadi se produzca el nacimiento de una nación.
La propuesta caerá en el olvido no por su propio peso, sino por el de la ley, antes de que se lleve a cabo la iniciativa secesionista. Y confío en que antes también de que se celebren las elecciones generales, dado que en caso contrario Mariano argumentará que soy el principal responsable de la situación. Por lo pronto, el PP pretende convertir el día de la Hispanidad en el de acción de gracias a la patria, toda una declaración de intenciones que contrasta con la noche de los cuchillos largos que por mi debilidad prepara el partido de Sabino a los españolistas. Espero que por lo menos no hayan fichado para este trabajo a Pedro Navaja.

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