sábado, 6 de octubre de 2007

Pollada en Berga

Sonsoles, cuando un municipio se llama Berga, peligro en la retaguardia. Si es macho clásico el único problema es que se hermane con Villaviciosa, que es ciudad promiscua, pero si, como parece, ha salido proclive a la educación para la ciudadanía no hay duda de que lo suyo será dar por el culo a España. Y va a ser lo segundo, según demuestra la iniciativa de retirar el retrato del rey del salón de plenos de este ayuntamiento barcelonés, punto que salió adelante con los votos de la entente cordiale nacionalista y el silencio cómplice de mi grupo. Sólo se opuso el PP, que en Cataluña, dado que nadie le escucha, ejerce de pobrecito hablador.
Tengo que decirle a Pepiño que aleccione bien a mi gente en todo el Estado para unificar el discurso monárquico en el conjunto del concepto discutido. Es indiscutible que no le tengo especial aprecio a don Juan Carlos, pero está claro que el PSOE no puede aceptar el argumento de que se llevan el cuadro porque su majestad no representa los principios democráticos por lo paradójico que resulta al aplicarse al que en su día frenó los del Movimiento.
Lo de Berga es una pollada, pero los hechos demuestran que esto va a ir a peor. Como en la Barceloneta quemar la imagen del rey se ha convertido ya en una costumbre inofensiva, ahora a los cachorros de ERC les ha dado por reivindicar el correo tradicional. En concreto, utilizan sus sedes para mandar cartas que sientan como un tiro, como la remitida con bala incrustada a Albert Rivera, el de Ciutadans, que creía abrir el recibo del butano y se encontró con que era el de la cámara de gas. Cuando reciba el de la luz no te extrañe que en realidad sea el de la silla eléctrica.
Estas cosas no están bien aunque Montilla, que no va a aprender nunca, se muestre orgulloso de sus socios de gobierno. Lleva lo suficiente en política como para saber que una cosa es que aplauda a la Esquerra por lo bajini y otra que le haga palmas con las orejas a viva voz. Josep debería de seguir mi ejemplo, que mientras me baño en españolidad ejerzo de ducha de agua fría para el Borbón. Cierto que le tengo entre ceja y ceja, lo que en mi caso, mírame a los ojos, es bastante tener, pero le apoyo sin reservas ante la plebe, aunque luego permita que el fiscal dé cuerda a los que ahorcan a la figura del rey. De esta manera quedo bien ante el pueblo soberano a la vez que posibilitó que se debilite la institución monárquica. Tanto es así que fíjate en un detalle: al príncipe antes le decían guapo por donde iba y ahora que la cosa está fea le llaman, como mucho, tío bueno.

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