miércoles, 3 de octubre de 2007

El himno

Sonsoles, hay políticos que llevan tan mal el anonimato que, de haberlo escrito ellos, serían capaces de firmar ejemplares en la presentación de El Lazarillo. Tal le sucede a Carmen Calvo, quien se niega a ser una don nadie ahora que ya no es nada en el Ministerio de Cultura. Por eso aprovecha cualquier ocasión para captar focos, grabadoras, primeros planos, segundas oportunidades. Por eso acaba de decir que ponerle letra al himno nacional no es una prioridad. Cierto, pero lo que le sobra de razón le falta de astucia. Justo ahora que el concepto de país está en horas bajas es cuando necesito tener un detalle con los que se emocionan con tan simbólicas tonterías. En mi trabajo resulta lógico que si en la la ciutad cremada le pegan fuego al retrato del rey y derriban el toro de Osborne la gente espere de mí que en nombre de España oficie de bombero torero.
Por lo mismo, si hay demanda popular de estrofa para la marcha real tendré que darle gusto al pueblo para así reforzar mi discutible españolidad, aunque Carmen, que es la de Mérimée, se burle de la pretensión. Esta mujer, a puro pérfida, merece llamarse Albión. No está bien que la ex ministra tire de sorna para decir que cada tres días recibía un prototipo de himno que metía en el cajón de objetos perdidos. Tampoco que diga con desdén que los borradores que recibía eran obra de poetas. Si te parece que lo escriba un ingeniero, cuya única relación con el verso es que se hace camino al andar. Pero lo peor es que Calvo critica que los poemas aspirantes enaltecían a la patria. Mujer, es lo suyo. No digo que elijamos para el trabajo a Manolo Escobar, pero tampoco es cuestión de hacerle el encargo a Pepe Rubianes.
Lo que está claro es que, como todo en España, la letra del himno entrará con sangre. Mariano ya ha dicho que quiere que el texto definitivo lo aprueben las Cortes, en tanto que yo soy partidario de que esté en manos de la sociedad general de autores, para que su presidente, Teddy Bautista, nos presente un boceto a medio camino entre Tiene que llover y Montañas nevadas. Así, todos contentos. Menos los que gustan de lo bueno. Y es que tengo la impresión de que el resultado final va a estar menos cerca de La Marsellesa que de la cartagenera morena.

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