martes, 2 de octubre de 2007

Nómina en suspenso

Sonsoles, si Ibarra es una caja de reclutas, Chaves lo es de sorpresas. Escucha la última: en lugar de leerles la cartilla a los malos alumnos Manolo ejercerá con ellos de mi papá me mima. El presidente andaluz acaba de anunciar que a partir del año próximo habrá una paga mensual de hasta 600 euros para que al estudiante desganado le salga más rentable hincar los codos en clase de naturales que doblar la espalda en el campo. Pretende así acabar con el fracaso escolar en una comunidad en la que uno de cada tres jóvenes en edad de instrucción da la primera espantada de las aulas antes de comenzar el segundo ciclo. Hay que reconocer que la situación es tan grave que, dada la vinculación de la muchachada lectiva al consumo de droga, muchos sólo saben hacer la O con un canuto si éste es de resina marroquí.
Lo que pasa es que la medida del cheque didáctico no es que sea electoralista, es que deja en mantillas al mismísimo subsidio agrario, máximo exponente del pesebre oficial en la autonomía granero del PSOE. Hasta la fecha, claro. Con la excusa de que hay que incentivar al alumnado remolón el reyezuelo mete una paga más en cada casa, lo que si bien evita que la economía doméstica padezca los efectos del capitalismo salvaje, convierte a sus receptores en estómagos agradecidos ayunos de crítica.
Esto explica que el poder socialista tenga carácter casi vitalicio en la comunidad española con más paro, menos empresas y peores infraestructuras. A Chaves, en vez de invertir en tejido productivo le conviene más repartir la tela, lo que demuestra que el presidente en lugar de seguir el proverbio chino que invita a enseñar a la población el manejo de la caña, prefiere regalarle el pez espada para mantener el privilegio de cortar el bacalao. Aunque esto, como se deriva de su propuesta, aboque a los centros de enseñanza a convertirse, a fuerza de dejar a las personas a medio hacer, en escuela de sirenas.
El mérito de la medida estriba en su carácter pionero. Es la primera vez que en lugar de la excelencia se premia la desidia. A partir de ahora a los padres les rentará más tener un par de zopencos que dos lumbreras en el instituto. Más que nada porque mientras unos sacan matrícula, los otros sacan la familia adelante, que es más importante. Ni que decir tiene que el día que presenten las notas la bronca se la llevará el que obtenga mejor expediente, en tanto que las dos orejas se las darán al que las tiene de burro.
Aparte de las polémicas familiares que generará la medida, otro punto débil es que no conseguirá su objetivo. De primeras, hasta el menos preparado de los alumnos intentará conseguir ayuda para poder contribuir a que mamá llegue a fin de mes, pero no creo que yo que se convierta en Ramón y Cajal el estudiante medio andaluz, más que nada porque aún cree que la velocidad de la sangre resta puntos en el carné de conducir.
Al supenso más les vale renunciar a la nómina y dar el callo en lugar de estar mano sobre mano. Precisamente, Chaves justifica la fuga del alumnado en que Andalucía es tierra de oportunidades. Dice que los estudiantes abandonan la clase de matemáticas porque con lo que ganan en el mercado laboral le salen los números. Vivir para oír. Bien sabe él que en su feudo estudias o trabajas no es una pregunta sino un imposible. A no ser que se refiera a los empleos de mierda del sector servicios. Ofertas para camareros, comerciales y mozos no faltan, eso es cierto. Incluso hay chicos a los que no les queda otra que echar jornales en la agricultura, con la amenaza que eso opción lleva implícita: arrieros somos.

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