viernes, 19 de octubre de 2007

Con Z de zopenco

Sonsoles, todo se puede decir con una sonrisa. Si lo sabré yo que me muevo entre la Gioconda y la hiena. Por eso he replicado al adusto vídeo de Mariano con uno marca de la casa en el que aparezco sin corbata, distendido y colega. Nada que ver con la grabación en la que Rajoy, trajeado, grave y distante pide a los votantes que sientan más orgullo que prejuicio por ser españoles. Ante una petición tan llena de sentido no me ha quedado otra que contratacar con armas de mujer: sensibilidad, suavidad, sonrisa.
La sonrisa no sólo es mi lema, es mi programa de gobierno. No perderla es básico para ganar amigos entre los que no son de España. Si uno me dice que quiere dejar la patria mía tras consulta previa me lo tomo a broma, si otro chistoso me anuncia su intención de independizarse cuando el pueblo catalán sea mayor me descojono con mesura, si un tercero se pasa de listo en Galicia recurro a la risa tonta, y si un cuarto de cualquier parte amenaza con joder al país echo mano de la sonrisa que encarta, que es la vertical.
La ventaja de tener buen rollo con los malos de la película es que personalmente me va de cine. No entiendo el motivo por el que la derecha no prueba esta fórmula para subir en apreciación ciudadana. Imagina la de brindis que habría habido en las herrikotabernas por María del Mar Blanco si hubiera aceptado la propuesta del artista que le pidió permiso para exponer sin piedad una radiografía del cráneo de Miguel Ángel en ese Louvre pasado por la bapitaurus que es el Guggenheim.
Qué aprendan de don Juan Carlos, que con la que está cayéndole es capaz de echarse unas risas hasta con Revilla, el hombre que sabía demasiado y no aguardó ni un día para contarlo. Pues ahí lo tienes, cuarto y mitad de país cuestiona la monarquía y él no pierde el carácter campechano ni con el que, más por un fallo en la evolución que por vecindad con Altamira, es homo de las cavernas. Y no digo sapiens porque me da a mí que éste es más de tirar del arado que de cultivar la inteligencia.
Talante aparte, en el VHS de la factoría Ferraz también se ensalza el valor de la zeta para vincular los logros de la legislatura a mi sonoro apellido. Sin embargo, el problema de resaltar a secas la última letra es que en principio también desemboca en zopenco. O en Zola. No sé que es peor. Lo primero me aproxima al zote pero lo segundo hará que salga en los papeles por los destrozos que he ocasionado en el territorio. Si no te lo tomas a mal, dada mi tendencia a echar balones fuera, ante su yo acuso siempre puedo replicar que me has enseñado tú. No pongas esa cara, mujer. Aprende de mí, que siempre estoy de buenas. Te aconsejo que te hagas revisar el sistema parasimpático. Desde que descubrí que lo atraviesa el nervio vago trabajo aún menos y duermo aún mejor.

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