Sonsoles, hasta Pepiño, que se sacó a la segunda el carné de identidad, pasaría de curso con la nueva normativa aprobada por Mercedes Cabrera que permite a los alumnos de bachillerato progresar adecuadamente con cuatro asignaturas pendientes. Dice la ministra de Educación que lo hace para reducir la tasa de abandono al objeto de evitar que el aula se quede triste y sola. Entiende la señora que dado que uno de cada tres escolares se emancipa de los estudios antes de la mayoría de edad urge abrir la mano para estimular a los que no dan pie con bola. Aunque luego ninguno consiga la cuadratura del círculo.
Tengo que admitir que la ministra le pone voluntad a su intento de que los más perros de las clases españolas se conviertan en linces ibéricos, pero no tiene en cuenta que esta gente suele pensar antes en las musarañas que en convertirse en ratones de biblioteca. No le van los libros. Le tira más el arado que labrarse un porvenir. No lo digo yo, sino el informe Pisa, así que habré de sacar a la ministra de su torre de marfil para hacerle ver la imposibilidad de conseguir memoria de elefante para quien tiene cerebro de mosquito anófeles, que lo único que lleva es mala idea.
Si la señora quiere hundirse en la desesperación puede probar a examinarlos. Estoy convencido de que si les preguntan por los vasos comunicantes responden que consiste en decirle al camarero llena mientras hablan en un bar. Otros asegurarán que el presidente de la patronal hostelera italiana atiende por Mesonero Romanos. Y habrá, dada la vinculación de juventud y alcohol, quienes muestren simpatía por Blanco White al creer que iba siempre hasta arriba de albariño y escocés.
Así de mal está el nivel educativo. Pero esto no es nuevo. Mi generación tampoco es la cuna de la sabiduría, si bien yo al menos, tal y como he demostrado, aparte de licenciarme en derecho, sé latín y ando suelto en gramática parda. Demasiado estudio para un hombre que tiene como mueble fetiche la mesita de noche. A mí, que soy una celebridad, si por algo me gusta criar fama es porque me permite echarme a dormir, aunque sea en los laureles, de modo que no soy un buen ejemplo para los remisos a la evaluación. A ver qué pueden aprender ellos de un hombre como yo, que a puro vago no es que se me duerman los pinreles, es que hacen la siesta. En casos extremos de fatiga hasta ronca mi dedo gordo, lo cual es mala cosa, pues como el chico diga de seguir el ejemplo del mayor voy a tener que operarme la planta del pie de vegetaciones.
Con esto te quiero explicar que yo no soy varón de despacho, sino de dormitorio. Y no por lo que tú te piensas. Queden para otros los juegos de cama que yo, como Gamoneda, no paso de los florales. El que te habla es menos de hacer hijos que de dormir en posición fetal. Tanto es así que si en la alcoba alguien alude a garganta profunda respondo que tengo dolor de anginas. Vayamos a pollas.
miércoles, 12 de septiembre de 2007
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