Sonsoles, ni siquiera en la próxima reunión de la ONU sobre el cambio climático conseguiré que Bush troque su frialdad para conmigo en un cálido abrazo. Con el pretexto de que las estaciones están fuera de sí he movido cielo y tierra para conseguir que el novio de América tuviera a bien darme una cita durante la convención. Incluso he conseguido reserva para una multitudinaria cena íntima con la intención de convertirme a los postres en su media naranja. Pero va a ser que si quieres.
Todavía pago las consecuencias del desplante castrense que le hice en Irak, al que ha respondido el presidente norteamericano con plantones menos propios de la diplomacia que del vivero, por lo que entiendo que se pasa siete parques. Lo de marcharme del Bagdad con viento fresco no justifica tal desaire del primer mandatario internacional, puro cierzo, hacia la persona de alguien como yo, que merece que le hagan la ola porque oficia en un mundo en guerra de civilizada brisa marina.
De todos modos, él se lo pierde si no quiere disfrutar en inglés de mis frases hechas, tipo yanqui go home y ya no te love you, entre otras. Lo único es que ahora en vez de a George le tengo que dar el coñazo a Erdogan, el turco con el que comparto la autoría intelectual de la alianza de la civilizaciones, memez que cuenta con la banda sonora de viva la gente. También mantendré un coloquio con Evo Morales, el hombre que considera la corbata el símbolo máximo del capitalismo, razón por la que en su Bolivia natal los ejecutivos agresivos gastan cuello de cisne sin aditivos para evitar que los echen al Titicaca, esa mierda de lago.
En cualquier caso el motivo de mi visita no es pegar la hebra con homólogos de mi cuerda sino seguir el hilo del guión marcado por Naciones Unidas, que nos pide una tormenta de ideas para que la humanidad conozca las repercusiones del cambio climático. No viene mal que machaquemos con el tema porque aunque resulte difícil de creer todavía hay quienes para la temporada otoño-invierno no se deciden a comprarse la gabardina color butano porque les han dicho que lo último en moda es la capa de ozono.
En lo que a mí respecta hablaré de que en cuestión de isobaras esto no es lo que era en los viejos tiempos, los de Mariano Medina. En España el febrerillo loco ya no requiere camisa de fuerza, marzo es calma chicha y el veranillo de San Martín se ha hecho mayor. Y en el resto del mundo, el cambio climático también hace estragos. Aunque se me critique, mantengo que se ha cobrado más vidas que el terrorismo. Y combatirlo es para mí más complicado porque no resultaría efectivo ordenar a Conde Pumpido que ejerza presión, aunque sea atmosférica, sobre un huracán. No veo al fiscal general enumerándole a El Niño las ventajas penitenciarias derivadas de su transformación en tormenta tropical. Esto requiere una negociación entre iguales. De tú a tú. Así que iré yo. No en vano, el que gobierne tan de puta madre como lo hago y encaje las críticas como el que oye llover acredita que soy un fenómeno meteorológico.
sábado, 22 de septiembre de 2007
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