martes, 18 de septiembre de 2007

El cheque piso

Sonsoles, debería invertir en Endesa dada mi probada condición de genio de la lámpara. Mientras a Mariano le da por chupar bombillas yo acabo de garantizar el suministro eléctrico –y no me refiero a Corcuera- a miles de jóvenes sobradamente pobres que optarán por contratar la luz en pisos de alquiler ahora que el Gobierno les regala 210 euros mensuales para incentivar el arrendamiento. La cantidad tal vez no les dé para un residencial con piscina pero tienen de sobra para meterse en un estudio con bidé.
Mujer, por mí les habría concedido pasta suficiente como para que alquilaran terrazo en primera línea de playa, pero sus brincos de alegría se habrían producido a costa de saltar la banca. Y por ahí Solbes dice que no pasa, si bien en el tema de los posibles me ha dejado ya por imposible. Bien sabe él que si encarta soy capaz de incentivar con cien de los grandes el voto al PSOE en las comunidades populares. De hecho, en las que gobernamos nosotros ya está subvencionado. Pregúntale a Manolo.
El anuncio revela que en cuestión de golpes de efecto dejó en mantillas a Rafal Nadal. Recién alumbrado el cheque bebé me saco de la manga el talón joven, que será el de Aquiles para el PP. Y es que en unos meses me he metido a las parturientas y a los mocitos en el bolsillo. A fuerza de vaciármelo, desde luego. No en vano, por conseguir un voto soy capaz de todo. Estoy seguro de que de haberme conocido don Guillermo habría incluido mi personaje en Ricardo III: yo sería el camello del monarca yonqui que cambiaba su reino por un caballo.
En cierto modo hago algo parecido con los españoles, a los que les regalo las primeras dosis de política social para que en enganchen al populismo, que es droga dura de gran impureza. Que se lo digan a los venezolanos de Hugo Chávez, mi maestro en esto de tirar el dinero para recoger el sufragio. La diferencia es que, cuando llegue la recesión, el pueblo caraqueño comerá del petróleo, mientras que yo dilapido sin un combustible fósil que echarme al cuerpo cuando por tanto dar vengan mal dadas.
Otro riesgo que le veo al plan es que beneficia sólo a la población menor de 30 años, cuando aquí, dado que en ningún sitio se está como en casa, no quiere emanciparse nadie antes de los 40. De hecho, como le enseñes la puerta al de 36 te declara una guerra por lo civil a cuenta de la propiedad. Sólo te libras de darle el piso si eres tú el que llevas a cabo un alzamiento. Aunque sea de bienes.

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