lunes, 10 de septiembre de 2007

El banco amigo

No hay nada como tener amigos en el TAE para mantener el tipo, Sonsoles. Aunque no soy moroso le debo una a Botín por predecir en mi compañía un horizonte económico despejado en lugar de los negros nubarrones que vislumbran tanto el francés Trichet como Solbes, el afrancesado. Su apoyo es tanto más importante cuanto que al ser un pura sangre de las finanzas aporta credibilidad a mi optimismo desbocado.
Me acusan de que Emilio dijo lo que dijo porque lo metí en una encerrona, pero lo cierto es que, de quererlo, un zorro viejo como él se habría salido por la tangente. Si el presidente de la primera entidad de ahorro española apoyó al amor de tus amores, reina mía, es simplemente porque convenía a su interés. Fijo. Puesto que desde que estoy en el poder el de la banca hace caja, lo que ha hecho ha sido pagarme los dividendos, como en su día hizo con Aznar. Y como hará con el que me sustituya. Dicen que en política el presidente del Santander no se casa con nadie, pero para mí que la marcha nupcial es su melodía de cabecera.
Este hombre se integra de tal modo en el paisaje que a su lado un camaleón se ve a la legua. Y no es que cambie de chaqueta, entre otras cosas porque la lleva de Armani, es que ha sabido labrarse un porvenir al llevarse al huerto a todo aquel que aquí alcance el rango de mariscal de campo. Así, si un día gobierna Ibarretxe se pondrá a plan, so pretexto de que si algo le sobra, son kilos, siquiera sean de euros. Si por el contrario el mando le toca a Camps patrocinará el café de Colombia, la copa América y hasta el viaje a Cuba a por el puro. Si lo hace Chaves dará jornales. Y si la vara recae en Touriño invertirá en mininfundios. Incluso, en caso de que el poder sea de Carod, le pagaría una estancia en Argentina para que el pobre hombre cate república.
Con estos métodos no le va mal, desde luego. En términos de beneficios el mercado ha dejado un billón para el mejor banco, que es el suyo. Lástima que no todos tengan el mismo saldo. No lo tiene el español medio, cuyo humor es variable desde que se le incrementa la hipoteca. No lo tiene aquel al que no le llega el dinero a las 23 horas, que es final de día. Ni la que, aunque le encantaría ser madre, se ve forzada a tener el mes porque es regla no escrita que los niños ya no vienen con un pan debajo del brazo. Y no sigo porque no quiero hacer sangre con esto. Vaya que me salpique.

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