Sonsoles, ladran, luego están que muerden. En el PP no se han enterado de que mostrar los dientes en exceso asegura, además de piorrea, volver con el rabo entre las piernas. De modo que mientras la oposición persista en mostrar un panorama oscuro Peñiño Blanco lo tendrá fácil para situar el futuro de España en la rojigualda, que es el punto intermedio entre el que lo percibe todo negro sin habitar en Nueva Orleans (Mariano) y el que ve la vida color de rosa sin vivir en Chueca (un servidor).
El carácter de pura lana virgen, ovino radical, de los españoles me ha facilitado mucho las cosas a la hora de venderles la moto de Sete diciéndoles que era la de Dani. Como nuevo español de bien me he fijado en los regulares para sacar pecho por la patria mía tres años después de que iniciara la demolición del país. Me he metido tanto en el papel que no hace falta leer mi estrategia entre líneas para entender que a partir de ahora voy a por todas con la enseña nacional por bandera. Por este motivo he decidido que la marcha real represente a España en Eurovisión y que retorne al escudo el águila de San Juan. Y porque estoy felizmente casado de por vida, que si no hasta me hacía novio de la muerte.
El cambio de estrategia ha hecho su efecto en los ciudadanos en vísperas de las elecciones, que es cuando dejan de ser actores secundarios del melodrama español. Ahora jugamos con el aire territorial a favor, por lo que nos va tan viento en popa que estoy convencido de que dejaremos a Mariano a dos velas en unos comicios que anticiparán su entierro político. De hecho, lo único que nos puede hacer perder es que a los españoles le toquemos los bolsillos, que son cojones de tergal, así que he mandado a Solbes que para no alterar a la población anuncie con su habitual calma chicha que no subirá el coste de la carne.
Mejor no lo hubiera hecho. Este hombre tendrá una buen bagaje académico, no lo discuto, pero como es único para enfriar los ánimos seguro que no se licenció en la escuela de calor. De resultas de su comparecencia ante la prensa los consumidores ya saben que suben la leche, los huevos, el pan y el pollo. O lo que es lo mismo: los cuatro pilares de la gastronomía amenazan con dejar de estar presentes en tierra española. Qué ministro más bocazas con los asuntos de abrir boca. Debería de aprender de mí, que en cuestión de huevos no hablo a las claras ni del de Colón, vaya a ser que los que me tienen por un lumbrera descubran que voy de farol.
Personalmente no me va a afectar el incremento, desde luego. Otra cosa sería que subiera la pesca. Como sabéis Moraleda y tú soy hombre de caña. Con una cerveza igual me meto una tortilla de chipirones que me como un pincho de navajas, siempre que no sean de Albacete. Lo cierto, sin embargo, es que me aburre engullir todos los días lo mismo. Para cambiar esto tengo que hablar con Bernat Soria. Le preguntaré si guarda células madre de especies mitológicas para catarlas con alioli. Aunque seguro que, como pasó con el Rácing-Barça, me decepciona el resultado. No hay que estudiar biología para saber que la criatura resultante de cruzar una sirena con un centauro es el caballito de mar, si es niño. Y si es niña, la caballa.
sábado, 1 de septiembre de 2007
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