Sonsoles, si por el mero hecho de ser padre comes huevos, cuando lo eres de la patria supongo que tienes derecho a zamparte la gallina que los pone de oro, aunque sea especie en peligro de extinción por la voracidad con la que las aves de rapiña política esquilman el lugar donde anida el dinero público. El último picotazo al erario consiste en pagar 29.000 euros a quienes en las próximas elecciones no alcancen acta de aforado. Así, el que se quede en puertas no saldrá por la grande, pero sí con dinero fresco para comer caliente durante la temporada baja. No abrirá la del Príncipe pero paradójicamente vivirá a cuerpo de rey sin el apoyo del pueblo soberano.
Cuestión de generosidad. No hay duda de que las penas, con pasta, no es que sean menos, es que no alcanzan siquiera la categoría de cierta congoja. Quitarle el mal sabor de boca a los que se quedan con la miel en los labios habla del gran corazón de quienes en el fondo somos unos sentimentales que suplimos la mala baba de las sesiones de control con buenas obras de caridad corporativa para evitar que acudan al monte de piedad los que después de serlo todo en política invitan a la compasión cuando se quedan en nada.
Hoy por ti es la máxima que seguimos la casta de elegidos para asegurarnos el porvenir en tiempos de una opinión pública tan cambiante que resulta normal que los que en la actualidad te votan mañana te lapiden. De modo que como menos da una piedra que las Cortes, todos querrán ahora optar a las candidaturas en puestos de relleno. Si ser español es un chollo subvencionado, imagínate ser aspirante sin posibilidades al Congreso. Esto es mejor que el cheque bebé y que el talón piso juntos porque la medida de gracia no implica efectos secundarios: no tienes que pasar la cuarentena a dos velas ni pagar el recibo de luz de la comunidad.
Mientras al pueblo le damos la sopa boba, el bogavante para los de la lista. A la masa le damos lo justo para calamares en su tinta mientras nosotros nos concedemos lo suficiente para las escrituras de la parcela. Es lo bueno de optar a la carrera de San Jerónimo, la única que tiene salidas aunque ni siquiera te matricules. Las urnas te pueden denegar el acceso por falta de nota, pero el premio de consolación compensa con creces. A partir de ahora habrá quien prefiera situarse en puestos complicados porque será más atractiva la dádiva que el escaño.
Lo único que temo es que cunda el ejemplo. Imagínate la cantidad de españoles que al fracasar en el intento de trabajar en la administración pública pueden sentirse discriminados por razones de peso si no les damos el mismo trato financiero que a los próceres de complemento. Así que vislumbro un terremoto de magnitud 7 en la escala de la indignación popular porque no resulta lógico que un político en grado de tentativa perciba indemnización. Pagarle el finiquito viene a decir que el pueblo llano, que es su jefe, ha realizado un despido improcedente cuando en realidad el jeta ni siquiera ha trabajado para la empresa del bien común.
jueves, 20 de septiembre de 2007
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