sábado, 15 de septiembre de 2007

La vena de medrar

Sonsoles, como lo llevan en la sangre, es lógico que haya socialistas a los que les entre la vena de medrar. La época de Felipe fue edad de oro hasta que se lo birló Roldán. Es fama que en presencia del ex director general de la benemérita ni los que hablaban claro se atrevían a hacerlo en plata para evitar hurtos fonéticos. Preferían quedarse con la palabra en la boca antes que soltar algunas perlas, vaya que Luis replicara ostras, Pedrín, con la intención de apadrinarlas.
Con todo, el jefe del instituto armado no creó escuela entre los que roban sin pistola. Ahora a quienes se lo llevan calentito no les espera la fría mazmorra dado que no se pasan de rosca. Prefieren comérsela sin salirse de los cauces legales. Luis no era más que un vulgar ladrón que tenía información privilegiada, acceso a los fondos reservados y calzoncillos de lunares, ropa nada acorde con un alto cargo, aunque fuera de Interior.
Pasado el tiempo, las costumbres permanecen, pero los métodos cambian. Como Roldán resulta un mal ejemplo, no tanto por lo que robó sino por el modo en que lo hizo, los que en la actualidad utilizan la vía política para enriquecerse no traspasan la ley, se aprovechan de ella. El latrocinio institucional clásico es arqueología porque lleva al que lo perpetra a la ruina. Ni siquiera en Marbella se lleva ya el pago de comisiones. Lo suyo en estos momentos es montarse una organización que oferte un servicio a ayuntamientos gobernados por compadres a los que presenta facturas millonarias en lugar de hacerles un precio de amigo.
Ahí está para demostrarlo Victorino Mayoral, padrino de la Educación para la Ciudadanía, que preside la Liga Española de la Cultura Popular, entidad con ánimo de lucro que ha conseguido contratos por valor de más de ocho millones de euros de varios consistorios gobernados por los del puño y de uno, el de Madrid capital, gestionado por quien contra natura propina a su partido golpes bajos.
Lo más curioso es que el padre de la asignatura estrella del nuevo curso asegura en ella que el hombre del saco es el capital, por lo que entiendo que la plusvalía del negocio irá a parar con toda seguridad a los países bajos en renta tal que el Congo belga o las Antillas holandesas. Pero como lo dudo, en vez de quitar hierro al asunto abogó por permitir a los alumnos tener acceso directo a sus cuentas bancarias para que comprueben cuantos ceros a la derecha le genera su rechazo de izquierdas al vil metal.
Siento mucho ser así con uno de los nuestros, pero es que si meto la mano en el fuego por Mayoral tengo después que escribir la tercera parte de El Quijote con la que me queda sana por sintonía anatómica con el que la perdió en Lepanto. Además, la gente como Victorino suele ser desagradecida a más no poder: rompo una lanza por este nuevo rico y es capaz de ponerme una querella so pretexto de que es copropietario de la Rendición de Breda.

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