Sonsoles, Moratinos tendrá cara beatífica pero no hace méritos para que le nombren embajador en el séptimo cielo cuando no esté entre nosotros. Y no sólo porque, dado el compadreo del ministro de Exteriores con los países árabes, tenga clara su elección entre Pinto y Valdemoro, ni porque en cuestión de alianzas prefiera la de civilizaciones a la nueva y eterna. Eso, al ser opcional, es secundario. Si en la otra vida no tendrá nunciatura será fundamentalmente por el modo en que intenta acabar con la esencia de la religión católica al equipararla a sectas que en lugar de junto al bien están a nivel del mal.
Así pasa en la exposición Dios (es) modos de empleo, una muestra que mete a todas las religiones en el mismo saco con la sibilina intención de que el personal llegue a la conclusión de que ninguna vale la pena. De ahí que en el catálogo se equipare a seguidoras del Verbo, como Teresa de Calcuta, con sujetos como Jomeini. De ahí que se dé el mismo trato a Cristo en la tempestad que a la danza de la lluvia. De ahí que se compare a los telepredicadores charlatanes con el que oró en el huerto. De ahí que se considere equivalentes los rituales apaches con el rito de la tribu del Señor. Y puesto que la muestra saca también a colación a Elvis, de ahí que se sitúe a la misma altura espiritual al canto gregoriano del monje de celda que al rock de la cárcel.
Los fieles, claro, han salido en tromba contra el ministro, en lo que no es más que otra pataleta de los que se arrodillan, quienes tienen los cables como los ligamentos: cruzados. Y además siguen con la manía de comulgar con el cuerpo de Cristo en lugar de hacerlo con ruedas de molino. Total, tampoco es para que se hagan cruces porque el ministro asegure que el laicismo es el contrapeso de la violencia religiosa monoteísta, si bien es cierto que el clero occidental puede esgrimir en su descargo que no es justo comparar a la religión que anda en guerra santa con medio mundo con la que tiene como máxima darnos la paz.
Como las grandes contiendas del siglo pasado no surgieron la cruz sino de la hoz, no de la media luna, sino de la esvástica, los ideólogos de la exposición sufragada por Moratinos se curan en salud al asegurar que los totalitarismos europeos fueron un calco de las religiones porque partieron también de un absoluto, sea la supremacía de la raza aria sea la dictadura del proletariado. Me duele admitirlo, pero esta argumentación no se sostiene ni en boca de María Teresa, mi chica justificalotodo. Más que nada porque resulta ilógico que acaben a palos dos cuñas de la misma madera. No hay que olvidar que en aquel entonces hubo ordenes superiores de acabar con las huellas religiosas. Tampoco que Stalin fue precursor del proyecto hombre al sustituir a la fuerza bruta al opio del pueblo por la metadona del soviet. La iglesia también puede salirnos con que el propio camarada José deportó sacerdotes a Siberia bajo la acusación de ser narcotraficantes de almas.
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