Sonsoles, entre el último tango y el último cuplé media la misma distancia intelectual que entre la Francia ilustre y la España fregona, de ahí la envidia con chequeo, sana, que siempre ha despertado en este rojo el país del Burdeos. No en vano mientras allí se editaba la Enciclopedia aquí seguíamos atados al pliego de cordel. Allí se inventó la revolución y la tortilla cuando aquí se estilaba la reyerta con un par de huevos. Expresada mi admiración, he de decir, sin embargo, que últimamente recibo con cierto embarazo todo lo que viene de París. Especialmente de Fillon, el niño bonito de Sarkozi, quien asegura que yo lamento con limón, amargamente, el proceso de regularización de extranjeros que he llevado aquí a cabo para otorgar asilo al que no quiere envejecer en su tierra.
De mi boca no ha salido eso, claro. Fillon debe de haber sido becario de la Cope por la manera en que ha sacado de contexto mis declaraciones. Cosa lógica si se tiene en cuenta que el miserable no entiende castellano ni yo tengo más referencia directa del idioma de Víctor Hugo que la canción con la que José Vélez compitió en Eurovisión. Así que bailemos un vals, gabacho, o te canto la cuarenta. Y es que malamente ha podido el primer ministro deducir de mis palabras que mejor hubiera sido no convertir la estrategia de papeles para todos en hoja de ruta.
Tengo que admitir sin embargo que el equívoco en materia de inmigración se compensa con la detención masiva de etarras al otro lado de la frontera. Hay que ver cómo le cunde a las autoridades francesas atrapar a los colegas de Artapalo mientras el Gobierno de aquí no lo da al agua. Allí los meten en cintura y en España ejercemos de calzonazos. No nos atrevemos siquiera a poner fuera de la ley a un partido que no condena la transformación de la casa cuartel de Durango en descampado con galones ni la retención de una familia vasca cuyo niño, ante la contemplación de gente tan fuera de lugar, debió preguntarse si aquello era la guerra de papá o la de los mundos.
Con ANV tenemos que hacer algo antes de que esto nos estalle en las manos. Con la vista gorda nos hacemos un flaco favor. La gente se va a hartar de callemos ante su silencio cómplice. Estoy convencido de que ninguna de sus portavoces, montoneras con flequillo, oficiaría de madre de mayo si se repitiera la matanza en la plaza de la república argentina. En cuanto a la de Hipercor, pedirían a ETA que a la hora de matar, dos por uno. Es el riesgo de darles oportunidades a quienes nos ponen minas con la excusa de que rinden así homenaje a la memoria de los de la planta 14.
domingo, 2 de septiembre de 2007
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