sábado, 4 de agosto de 2007

La bandera

Sonsoles, tú sabes que aunque mi bandera del alma es la tricolor las pasaría moradas si no guardara las apariencias con la rojigualda desde que por gracia de los que perdieron en Lepanto presido la más alta instancia que vieron los siglos. El himno español, al tener menos letra que un concierto de Xavier Cugat, me deja margen para charlar con el vecino de atril sin romper el protocolo pero cuando se iza la enseña nacional debo de presentar hasta el rompan filas mis respetos al trapo. Tiene tela.
Yo, con tal de gobernar, soy capaz de cualquier cosa, hasta de convertirme en abanderado de la causa española, pero el problema es que ahora el Tribunal Supremo pretende que la bicolor se muestre también en los edificios públicos vascos. Esgrimen los jueces con mando en plaza que así lo ordena la Constitución. Valiente argumento. También dice la carta magna que debe de haber vivienda para todos y eso no casa con la realidad.
El Gobierno de Ibarretxe, como es lógico, está que trina ante la perspectiva de que junto a la ikurriña anide la sucesora del águila de San Juan. Y ahí radica el conflicto: mientras los caporales independentistas se niegan a que en sus dependencias haya banderas al viento el tribunal anuncia que si es necesario las pondrá por la fuerza. Menos lobos, señorías. Si no pudieron aplicar la sentencia que expulsaba a Batasuna del Parlamento menos podrán lograr que se capte la fotografía de ambas banderas en la cámara vasca.
Dice el alcalde de Vitoria, socialista de pro sin ganas de ir a la contra, que izar la bandera española en las estancias oficiales no es prioritario para ningún vasco. Y aunque le falta coraje no le falta razón. Para los ciudadanos de la comunidad autónoma lo prioritario es conseguir de una vez por todas tener más opciones de contemplar la pelota vasca que la de goma o evitar que se la peguen con una bomba lapa.
Y es que los símbolos no traen más que complicaciones. Por mí los retiraba hasta de los cuarteles, donde, por cierto, todo es una farsa: lo de la madre patria no es más que un invento de los oficiales para darse la vida padre a costa de los que van a morir por España. Así que estoy por sustituir el día de las fuerzas armadas por el de la banderita. Siempre será mejor honrar a la Cruz Roja que a la laureada de San Fernando. Aunque le moleste a Sanjurjo.

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