Sonsoles, tú sabes que por mucho que Ferrán Adría cobre un huevo por deconstruir una tortilla la única aportación masculina de importancia al mundo de la gastronomía ha sido el eructo. Los pucheros, en su doble acepción, son cosa de mujeres, maestras por igual del gimoteo y el cucharón. En los dominios culinarios de cualquier abuela de entreguerras los que van de sobrados recogerían las sobras. Allí no pasarían de pinches, que llegarían a morunos si acreditan tez oscura. Y es que, salvo excepciones, los cocineros de prestigio tienen más mérito por aportar literatura a la carta que sabor a la lengua.
Por eso, en lugar de visitar restaurantes de cinco reverencias, de esos que sirven platos cuya denominación es un homenaje al barroco, opto en cuestión de menú por espacios proletarios a sabiendas de que no hay nada más rico, salvado Carlos Slim, que unas papas a lo pobre. De ahí mi reciente presencia estival en un local de Sánlucar de Barrameda donde me puse de camarones de tal modo que, aún dormido, dudo que durante la siesta hubiera podido llevarme la corriente.
Voracidad aparte, con yantar tan del terreno me gané el favor del pueblo. Lo dice la plebe: donde fueres come lo que quisieren. No te quepa duda de que de estar en La Albufera habría tomado trufa a palo seco, mientras en el país vasco partiría el bacalao y en Burgos me darían morcilla. Incluso, de estar en can Barça, pediría un arroz a banda para demostrar a la cantera que tengo un buen saque.
Con todo, la visita a Sanlúcar me reportará algo más que calorías. Mientras Rajoy sestea yo me pateo la España del voto fácil. En vez de en Canarias, donde estoy quemado, prefiero arrancar las palmas en Andalucía, único lugar del Estado capaz de ovacionar a un presidente que no ha impedido el descabello de su sector industrial. Hasta a mí me cuesta creer que sólo haya recibido elogios si se tiene en cuenta que el cierre de Delphi ha convertido el empleo tecnológico de Puerto Real en ciencia ficción. Pero mira, yo encantado de que me vitorean por llevarlos a la prejubilación anticipada, algo por otra parte usual en Cádiz. No en vano, en la tacita de plata el paro es café para todos.
sábado, 11 de agosto de 2007
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