Sonsoles, vos sabés que la crisis del concepto discutido no admite discusión. España se rompe a compás de tango: el País Vasco entona el adiós muchachos, Cataluña se queda a media luz y Galicia completa el crepúsculo interior. Mientras, el Gobierno ejerce de cieguita para no ver que una gran nación está a punto de expirar. Lástima. Comprenderás, sin embargo, que al ser autor intelectual del homicidio patrio antes me muera de risa que se me escape un lagrimón.
El efecto Gardel no está presente sólo en las comunidades históricas sino que también, puesto que es melodía de arrabal, vienen con la misma milonga las de la periferia, como demuestra la deriva nacionalista de Baleares después de pasar Matas a mejor vida política. En cuanto a las afortunadas, habrá que tentar otra vez a la suerte. Cierto que en Canarias no ha podido ser, pero en las próximas elecciones las urnas nos harán palmas porque en la capital del plátano vamos a presentar como candidata a Juanita Banana. Falta que la interesada acepte.
De modo que, por el norte, exige autodeterminación para ya la comunidad de las fundiciones y, por el sur también la pedirá El Hierro con el tiempo y una caña, que se tornará lanza contra quienes en su defensa de las raíces recurren a la espada toledana para convertírmela en la de Damocles. Pues se juegan la cabeza. Deberían de tener en cuenta que en menos de lo que tarda Moraleda en ponerme los cubiertos paso a cuchillo al que no esté de acuerdo con mi teoría de situar a España en el filo de la navaja.
Desde el pico del moro Almanzor al puerto de los cristianos tengo que acabar con el legado de los reyes católicos. Aprovecharé que se multiplican los territorios que quieren acabar con la unidad indivisible de España para sumar apoyos a mi causa. En tanto consigo el del PP, el único que me resta, recurriré a Carrillo, memoria viva de la memoria histórica, para que, como buen señor de la guerra, me dé un consejo por lo civil que evite una nueva contienda. Antes tengo que decir a Santiago que España cierra por traspaso, lo que se veía venir desde que, como genio que soy, concedo a todas las autonomías con furor uterino, las que siempre piden más, sus tres deseos.
Una vez que a través de la fragmentación convirtamos el país en Balcanes, donde la especialidad de la casa también es la violencia doméstica, tenemos que evitar que lo reconquisten de nuevo desde Covadonga. Para conseguirlo preveo transformar los picos de Europa en el mayor lugar de ocio del continente. A partir de ahora, Asturias farra querida y don Pelayo de parranda. Si me gano el corazón de los de la tierra de sus amores, el único obstáculo para mis planes provendrá del centro de la península. Ahí reside el problema. Estoy seguro de que para que España no se convierta en Yugoslavia monta guardia el Madrid de los Austrias.
miércoles, 22 de agosto de 2007
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