Sonsoles, acaba de decir Carod que Cataluña sobrelleva cierta fatiga de España. Lo de este hombre ya cansa. Tú sabes que tengo seny, que es flema sin bombín, pero ya estoy hasta el gorro de que desde la ciudad condal nos pongan a caer de un burro a los que tenemos el mandato constitucional de sacar adelante una nación donde comparten espacio las butifarras y espetec con el aire del Estrecho y mi jaca corta el viento.
Ya sé que ser en el Congreso caballo ganador con ayuda externa implica el riesgo de recibir coces del socio de Gobierno, pero no es de recibo que el tripartito denuncie como si fuera algo natural que la catástrofe en que se ha convertido la autonomía de la sardana es responsabilidad exclusiva del chotis. Como lo único que pretende el tripartito es tener la fiesta en paz a costa de la verbena de la Paloma, habrá que advertirle que en la carrera de San Jerónimo no vamos a aceptar que se nos acuse hasta de enjaular al pajarillo pardo de la de San Bernardo.
Dice Carod que todo lo que falla en su comunidad está relacionado con la colonización gubernamental. Hay que admitir que alguna razón tiene. No está desencaminado al asociar con la red eléctrica española el apagón que tras dejar a dos velas a Barcelona propició que los afectados montaran el cirio. Tampoco da palos de ciego cuando a causa de los problemas de cercanías embiste a la chica de la estación. Pero demuestra tener poca vista si cree que con la excusa de culpar al de fuera la población autóctona va a mirar para otro lado.
Los catalanes saben bien que la Generalitat no resuelve ni un sudoku de nivel cero porque está formada por gobernantes de perfil bajo que nunca dan la cara. A lo mejor Rovira cree tener talla y estar cortado a imagen de sus ancestros, pero salvo por el bigote nadie le equipararía a Wifredo el Velloso. Y menos sus conciudadanos, hartos de reglas que mantienen al pueblo casi en estado de excepción. Como la de la política lingüística, que coacciona con tácticas de fuerza nueva al castellano viejo.
Por no hablar de la afrenta continua de Carod y sus muchachos al resto del país. Ahí es nada pedirle a ETA que circunscriba la veda al Ampurdán o tomarla con los símbolos de la hispanidad. El último, el morlaco del coñac, abatido sin picadores por las huestes independentistas. Y menos mal que se pararon ahí las criaturas. Porque estos igual destrozan el toro de Osborne que, si encarta, le hacen un hijo a la rubia de Terry.
martes, 21 de agosto de 2007
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