Sonsoles, el incendio del palmero que subió a Las Palmas y la acumulación de desgracias en el oasis catalán me han desquiciado de tal modo que ya no sé si soy camello o presidente ¿Hace un peta? ¿No? Entonces un decreto ley que establezca que en el cálido verano las malas noticias pasen de largo, no sean que aproximen el otoño al patriarca que tienes por marido. Las elecciones están a la vuelta de la esquina y aunque las encuestas digan que las ganaré de calle hay que evitar que el electorado decida tirar por la del medio, que para un socialista es a la vez la del centro y la de la amargura.
Ya veremos como se portan las urnas. En Cataluña mal, seguro, pues lo que ha pasado en la ciudad de Las Ramblas no es como para que echen flores al Gobierno, salvo, y no es ramalazo monárquico, que nos las manden en una corona, lo que no sería extraño dado que de seguir así los catalanes nos van a matar con dedicatoria. Motivos para el tus votantes sí te olvidan no les van a faltar a poco que tengan memoria en marzo. Y es que desde que sacamos adelante alegremente el Estatut todo ha ido de pena. Tanto es así que al lado de lo que sucede allí la ley de Murphy es una tesis sobre el optimismo radical.
Lo sucedido junto al barrio Gótico es de película de terror. Primero se cae un barrio obrero, el Carmel, mientras construían una línea para la zona. Ya es paradoja no medir bien el terreno cuando de lo que se trata es de construir el Metro. Después llega el gran apagón del que no se han repuesto los consumidores ni con el cable que le hemos echado con los generadores. El único consuelo que queda es que la oscuridad, hábitat propicio al escarceo, sirva para incrementar la natalidad y de paso el sí quiero. Más que nada para que Barcelona, que ha sido ciudad olímpica, recupere la senda de las medallas con la del amor.
Y ahora toman el relevo de las desgracias las infraestructuras, convertidas en un problema de altura por una debacle tierra-aire sin precedentes. De modo que muchacho, la marina te llama. Porque salvo que uno viva como un marqués y, en consecuencia, llegue a la ciudad condal en yate, tendrá problemas para acceder a ella. Si lo hace por avión bueno será si ese día el personal no organiza el segundo campeonato sindical de movilización ilícita en la pista de aterrizaje. Si viene en tren de cercanías llegará al invierno, que también es estación, antes que a la de Sants. Y si lo hace por autopista entenderá el significado de coche escoba. Te digo que para completar el desastre sólo falta que el Ayuntamiento nombre hija adoptiva a Juanita Calamidad.
martes, 14 de agosto de 2007
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