viernes, 10 de agosto de 2007

El Solitario

Sonsoles, El Solitario se ha echado al monte. El buen hombre dice tras su detención que robaba bancos para liberar al pueblo español de los atracos con comisiones que llevan a cabo los que te prestan ducados y te cobran fortunas. Puesto que el argumento es propio de los que hace un siglo hurtaban trabuco en mano a los pudientes para socorrer a los que la vida trata a patadas está claro que lo que pretende es que la plebe le exonere de sus delitos. Lo que demuestra que el pájaro, aunque intenta hacerse el loco, es un lince, animal que precisamente resulta del cruce de un gato con El Algarrobo. No hay más que verlo.
Jaime Giménez habrá pensado que nunca es tarde para emular a El Tempranillo y que hace falta tener luces para aprender de las andanzas de Luis Candelas, así que ha decidido ejercer el bandolerismo a posteriori. De hecho, no se conoce que mientras que ha estado libre como ave haya hecho donación de su rapiña a ningún necesitado, lo que indica que este ladrón entiende de una manera particular la tesis de El Pernales. Cierto es, en su descargo, que genera más plusvalías invertir en avaricia que apostar por la generosidad a plazo fijo.
En cualquier caso, ya tenemos a la nación dividida entre los que apoyan al atracador TAE y los que respaldan a los que se juegan el tipo por interés. Los segundos arguyen que no es lógico que tener capital acarree tanto riesgo. Y los primeros esgrimen lo complicado que resulta progresar en este país. Aclaran que Jaime Giménez, preso de ese nombre, sólo podía aspirar a robar cajas de ahorro. Indican que al igual que el que se apellida Botín desemboca directamente en el euribor, el que tiene apellido proletario, o trabaja en lo que salga, lo que le garantiza agua al cuello, o, si quiere salir del arroyo, debe de utilizar malas artes para nadar en la abundancia.
Estas cosas sólo pasan en España. En otras partes los asesinos múltiples o ladrones de guante blanco, según tengan querencia por el homicidio en serie o por el robo artesanal, son denostados por la multitud, pero en esta tierra todo delincuente fuera de lo común arrastra un halo romántico que le convierte en musa de la masa. Si no fuera porque el Solitario cuenta con tres muertes en su debe tendría garantizado el haber de por vida. Y es que, para el pueblo, el que aquí roba bancos siempre tiene crédito.

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