Sonsoles, porque no engraso los ejes, especialmente el del bien, me llaman de todo. Pero estoy dispuesto a rectificar. Me daré de baja en el del mal, sección Hispanoamerica, ahora que queda medio año escaso para el chupinazo electoral, no sea que por ser cerril las penas y las vaquitas me lleven por la misma senda, la de la oposición, en tanto que el caminito de la Moncloa lo haga Rajoy, que aún está verde para desbancar a un rojo pata negra.
Confío en el que pueblo español no me haga esa cochinada. Aunque para evitarlo no le amenazaré con la llegada del general San Martín, sino todo lo contrario. He ordenado darle la vuelta a mi ideario para el Cono Sur con el objetivo de recuperar el norte en política exterior. Puesto que no doy puntada sin hilo ejerceré por si las moscas de sastrecillo valiente ante los tiranos del nuevo mundo. Por lo pronto, la secretaria de política internacional del PSOE acaba de poner a caer de un burro a Chávez, el asno bolivariano, so pretexto de que su deriva autoritaria le aproxima al pirata del Caribe.
De manera que ahora tendré que darle palo malo al sujeto con el que hacía buenas migas, pero, ya se sabe, si aprieta el hambre, al pan, pan. El poder no entiende de amistades cuando encierran tanto peligro. Así que lo he puesto en el punto de mira por ver si la opinión pública española olvida que no ha mucho tuve un romance diplomático con un político que si tiene al pueblo metido en el bolsillo es sólo porque le proporciona doble alegría, gastronómica y de clases, al darle sopa boba mientras pone a la oposición a caldo.
No es que esté en completo desacuerdo con los métodos que utiliza el sátrapa. Coincido con Hugo en lo de poner firme a la oligarquía. Al fin y al cabo, el coronel no hace más que aplicar su superioridad de rango militar al meter en cintura a los terratenientes. Otra cosa es el modo en que trata de controlar a los medios de comunicación. Aunque no ha sido lento de reflejos al cerrar en Caracas la emisora hermana de radio Caracol, ha dado argumentos a los que le llaman baboso. En España no se entendería que uno, salvo que sea hidráulica, se entrometiera en asuntos de prensa.
Así que he decidido marcar distancias con un hombre de ideología tan próxima y talante tan distante. El problema es que tras alejarme de Venezuela me queda aún que soltar mucho lastre allende los mares. En concreto en La Habana, donde las cárceles ofician de parlamento a fuerza de cobijar a presos políticos. Lo que pasa es que ahí la espantada es más compleja porque para parte de la opinión pública lo de isla más que una dictadura es un sentimiento. Y, en consecuencia, Fidel, más que un caudillo es un idealista sin tacha. De hecho, la izquierda española únicamente le reconoce el error de dejar salir de Cuba a Luis Aguilé. Y la derecha, por el contrario, dice que es una pena el trabajar a favor del reyezuelo. De lo que se deduce que los tontos del bote del PP están tambien en este asunto por la labor de dar la lata.
lunes, 13 de agosto de 2007
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