Sonsoles, sólo a un Conde se le ocurriría la idea de simular socorrer a la corona con la única intención de perjudicarla. El secuestro de El Jueves ordenado por el fiscal general del Estado por una caricatura en la que los príncipes hacen el amor es pura perfidia. Y huele de lejos a venganza de sangre azul. Tal vez Pumpido zanje así la afrenta derivada de un supuesto apoyo real a la casa de Alba para que madrugara a sus nobles antepasados. O tal vez mercó el apellido en el rastro y no es más que un resentido, descendiente directo de un siervo de la gleba y pariente lejano de una campesina del medievo con la que un señorito feudal tuvo el gusto de ejercer el derecho de pernada.
Lo de menos es el motivo. Lo de más es que, como era de esperar, la plebe no ha cuestionado al aprendiz de Maquiavelo, sino al príncipe. El fiscal ha sembrado vientos contra su alteza al situarlo en el ojo del huracán de la opinión pública, para la que don Felipe, aunque le da un aire, no es don Juan Carlos, artífice de la transición y tan conocido por el 23-F como yo por el 11-M, fechas que median entre la acción de parar un golpe y la de darlo de mano.
El hecho de que tu esposo y Cándido sean uña y carne permite a la oposición presuponer que el fiscal jefe no mueve un dedo sin mi permiso. De modo que me hace responsable de que la revista que sale los miércoles haya corrido la misma suerte de lunes negro que Emiliano Revilla, al que todos en Europa daban por fiambre tras su rapto. Arguyen mis rivales que tengo tal añoranza por la segunda república que, con tal de derribar la monarquía, soy capaz de cualquier gesta que emule la de Azaña.
Tú sabes que no es así. Cierto que, como buen castellano viejo, prefiero a Alcalá Zamora que a los duques de Lugo y tengo más querencia por la revolución de Asturias que por España, patria querida, pero nunca pondría al heredero en la picota porque, entre otros contras, la consecuencia de cuestionar el trono es que también yo me juego el sillón.
Con el secuestro de la revista el fiscal general ha puesto a mi gobierno a la altura de los que persiguieron a Hermano Lobo en época del león de Fuengirola o de los que ordenaron chitón a Cuadernos para el Diálogo. Pumpido no ha tenido en cuenta que la censura es un arma de doble filo que propicia que pasar a cuchillo a Makinavaja constituya una puñalada trapera a su mentor. Los de El Jueves van a creer que, aunque bordo lo de ser rojo, estoy más por la camisa nueva que por Casas Viejas. Más por la dictadura que por el proletariado. Tanto es así que me da a mí que partir de ahora me van a llamar Rodríguez El Facha.
miércoles, 1 de agosto de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario