miércoles, 8 de agosto de 2007

Parió la abuela de verano

Sonsoles, parió la abuela. La de verano. Parió parida Rosa Regás, directora de la Biblioteca Nacional, que se dice satisfecha de que en España se lean cada vez menos periódicos. La causa de su contento es que la prensa escrita no resalta los logros sociales de mi Gobierno como la buena señora quisiera. De modo que, una vez que ha constatado que las ventas, puesto que son tiradas, están por los suelos, agradece que el RIP llegue de manos de la OJD a diarios de la mañana que no saben si volverán a ver la luz del sol.
Como la mujer pantera está que muerde sugiere que los medios de comunicación mandan a tomar por el culo a la ley de matrimonio homosexual, intentan abortar la iniciativa de euros por nacimiento y son más partidarios de la selección natural que marca el talento que de la ley de paridad que ordena que las chicas con los chicos deben estar. Y el caso es que no anda descaminada la del traspiés, pues, salvado El País, los demás grandes periódicos de la nación son hostiles a nuestra causa social. Así, ABC nos lee la cartilla, El Mundo dice que somos hazmerreír universal y La Razón quiere hacernos entrar en ella.
Lo que pasa es que, aunque la autora de la Canción de Dorotea se haya quedado con la copla mediática, no queda nada bien que la jefa de la Biblioteca Nacional prefiera que los españoles se chupen el dedo a que suba el índice de lectura. De lo que se deduce que poner a esta mujer al frente de nuestra mayor factoría de prólogos viene a ser como emplear al estrangulador de Boston en la sección de nudos corredizos, negociado de corbatas, de El Corte Inglés.
No es la primera vez que mete la pata. Ya tuvo que salir por piernas a rectificar cuando, por ver de marchitarlo, intentó trasladar la estatua de Menéndez Pelayo desde el vestíbulo al jardín de la Biblioteca. La protesta del mundillo de las letras evitó que se arrinconara el pedestal de quien para la Regás tenía los defectos de ser machista y de derechas. Poco le importó que además él fuera sabio en autores y ella en rencores. Tal vez los que montaron en cólera contra la decisión habrían sido más considerados con Rosa si en vez de Abuela de verano hubiera escrito Papá Goriot.
La cuestión es que entre unas y otras no gano para disgustos culturales. A las tomas falsas, pifias en super ocho, de Carmen Calvo con el gremio del celuloide se une ahora la indignación de los periodistas con la bibliotecaria. No son los únicos que están que trinan contra la pájara. La ira de la oposición también se la ganó a pulso cuando aseguró que el día más feliz de su vida no fue cuando dijo sí quiero sino cuando las urnas, previo atentado de Atocha, le dijeron al PP no puedo. Pues como ganemos de nuevo en marzo un orgasmo múltiple será cosa de frígidas al lado de la alegría que le va a entrar en el cuerpo.

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