sábado, 18 de agosto de 2007

Saturno, un padrazo

Sonsoles, hay que reconocer que al lado de ETA Saturno es un padrazo. Mejor devorar a los hijos que dejarlos que se coman el marrón, que es lo que ha hecho la banda al cerrar los ojos para no ver la situación en que queda Otegi, quien para sus socios de armas ha pasado de gallo de pelea a gallinita ciega desde que le mandamos a hacer noche a la trena por exaltar en su día el terrorismo. Tan en desgracia ha caído el bueno de Arnardo que ni en la ría de Bilbao pican aquellos a los que demanda apoyo en la red.
De hecho, sólo tres de cada cien votantes independentistas ha suscrito en internet la petición de indulto para el que comparte celda con los herederos de El Torete, lo que demuestra que ni siquiera la afición vasca está por la labor de que le den la condicional al diestro de la izquierda abertxale. Cría colegas. Pobre hombre. Debe de tener el corazón como la ideología, en un puño, desde que no es brazo derecho de la cúpula asesina. Y es que para alguien cuyas decisiones han ido hasta ahora a misa nada debe doler más que el rechazo de la propia parroquia.
Pero él se lo ha buscado. Los malos tiempos para Otegui se derivan de su falta de autonomía para exigir la autodeterminación, de su escasa capacidad para hablar por su boca en la mesa de las negociación de paz. Cierto que la reunión en la cumbre resultó borrascosa, pero hay que admitir que sus jefes no le dejaron tomar más alternativa que la ambigüedad. De ahí el sí, pero no, que no, que no. Joder, Sonsoles, parezco Lolita.
Puesto que resulta duro que la militancia pase del que ha sido su núcleo, es lógico que esté que muerda quien anda preso, y no sólo de la rabia, tras mercadear en nombre de hijos de perra. Al menos habrá escarmentado. Se habrá dado cuenta de que la banda desprecia a los interlocutores de la casa. Se habrá dado cuenta de que los jefes de ETA están más por los sujetos malencarados que por los que tienen hermoso el verbo. Y es que las palabras, aunque a veces salgan disparadas, no encierra para ellos el encanto del proyectil, motivo por el que estos balas perdidas las dejan siempre en la recámara. Lo que vale para mandar allí es tener un par. Para la gente de Txeroki lo único que cuenta es marcar paquete. Siempre que sea bomba.

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