viernes, 17 de agosto de 2007

Cuando el crack no es Maradona

Sonsoles, relacionar el concepto crack únicamente con Maradona me ha jugado una mala pasada. Resulta que el anglicismo también se usa para cuando las economías desarrolladas quedan en fuera de juego cada vez que el mercado lanza un libre indirecto envenenado sin barrera arancelaria. En otras palabras, el efecto mariposa de la crisis hipotecaria de Estados Unidos oficia ahora en los mercados europeos de mosca cojonera.
No sé que tiene la actualidad contra mí, pero siempre me deja en mal lugar. Cuando anuncié días de gloria sin ETA los terroristas se dieron prisa en mandar a la T-4 de Madrid al cielo. Y ahora que acabo de asegurar que la economía española va que chuta le ha faltado tiempo a la yanqui para meternos un gol. Con el agravante de que puesto que a causa de la globalización este partido los jugamos juntos los de Montana y los del Mar menor el tanto en propia puerta amenaza con perjudicar a la tira de paisanos que, confiada en los buenos resultados, ha tirado la casa por la ventana a la hora de adquirir una vivienda.
Cómo será de fuerte la cosa que hasta al club de las empresas pijas nacionales, el Ibex 35, le ha cantado el mercado las cuarenta penalizándole con una bajada que es casi de pantalones de puro humillante. Si esto le pasa a los amos de la bolsa imagino que los compradores de pisos que no tienen ni para la de la compra deben de estar como para tirar cohetes, pero contra Wall Street, porque el pánico causado en los parqués de medio mundo amenaza ahora a sus tarimas flotantes.
El problema también repercute en mí por bocazas, dado que, oportuno como soy para vender la moto, había anunciado el advenimiento de la felicidad económica una semana antes de que el Dow Jones saludara con un buenos días, tristeza, a quienes se gastan el dinero con alegría en buenas acciones que luego no lo son tanto. Lo que les aboca al agua al cuello o a la economía sumergida. Recuérdame Sonsoles que abronque a Miguel Sebastían por no advertirme de que lo que me enseñó en dos tardes podía irse al garete de la noche a la mañana.

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