Sonsoles, pues no es león de Esparta, todo lo más yogur griego, el gudari que ha abandonado a su hijo putativo en medio del monte al creer que los descendientes del inspector Closeau estaban tras su pista. Aunque con el niño sólo ejercía de padrastro más le habría valido, dado que le van las armas, haberlo hecho de padrino por aquello de que para cualquier Corleone que se precie lo primero es la familia ¿Capici?
Cierto que la criatura, hijo de su compañera sentimental, no era sangre de su sangre, pero dado que los vascos se jactan de tener un RH para ellos solos el etarra no debería de haber dejado al niño, con el que comparte hematíes territoriales, en mitad de los Pirineos franceses. Esgrimir en su defensa que venía el lobo no justifica que esta oveja negra de la valentía dejara al crío a expensas de que lo encontrara un buen pastor.
Lo que pasa, Sonsoles, es que Aitona ha demostrado ser un soldado Altadis, de boquilla, algo que más que en un veterano como él cuadra en la nueva remesa de liberados de la banda, quienes, por como corren, deben de ser captados en clubes de atletismo, pues lo mismo se bajan a toda prisa de un taxi en Castellón para que la policía no les enmiende la plana que abandonan a gran velocidad un coche traca cerca de río Tinto. No te extrañe que ante el recuerdo de los buenos tiempos la cúspide de ETA se eche al vino para olvidar.
Los etarras ya no son lo que eran. Y, según el PP, tampoco lo es el PSOE en materia terrorista. Arguyen para demostrarlo que nuestro alcalde de Miranda de Ebro da la batalla para que se celebre en su pueblo un festival en el que intervendrá Soziedad Alkohólika, grupo de tendencia abertzale al que rechaza la asociación de víctimas del terrorismo, esa panda de abstemios. Para mí que los que quieren que el grupo no intervenga pretenden reeditar el proceso de Burgos con unos pobres chicos que más que de reverso vasco de la Triple A ejercen, por lo que privan, de Doble W.
Mariano debería de saber que ha pasado el tiempo de los coros y danzas. Debería de tener en cuenta que lo último en pentagrama no es un max mix de María Jesús y su acordeón con el chico de la armónica. Debería de considerar que el toque de corneta no llena estadios desde el 73 en Santiago de Chile, con Víctor Jara de telonero. Y, sobre todo, debería de entender que el divino tesoro contemporáneo tiene menos querencia por la unidad de España que por un solo de batería. Aunque su antecedente directo sea el tamborilero de Bruch.
jueves, 9 de agosto de 2007
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