domingo, 12 de agosto de 2007

Lecturas de verano

Sonsoles, como en Doñana no hago honor a Don Quijote han abierto la veda quienes no ponen coto a la crítica ni aún en período estival. Me pasa por bocazas: a diferencia del caballero de la triste figura, yo, que por lo que sonrío soy mitad Gioconda mitad hiena, únicamente he llegado a las vacaciones con un libro debajo del brazo, de modo que, aunque no perderé el seso a causas de las lecturas, he perdido el respeto de quienes consideran que todo un presidente no puede limitarse a leer Nada. Por ejemplo.
Ya hay quien me llama gandul de párrafos, vago de epílogos, manco de índices. Se pasan conmigo, Sonsoles. No es de recibo que me abronquen sin saber, por lo menos, el volumen del libro. Imagínate que se trata de Guerra y Paz, que viene a ser en la literatura lo que el tren Moscú-Vladivostok, una novela de largo recorrido. O que me he bajado a la playa el Ulises, que con tanta idea concentrada es tocho complicado para mí, que si abandero el pensamiento único es porque no paso de un único pensamiento.
No creo, de todos modos, que los que sin ningún embarazo me ponen a parir barajen estos títulos entre los probables porque saben que mis escritores de cabecera son los que me llegan al corazón. Soy más de Vientos del Pueblo que de La Ciudad y los perros, más de La arboleda perdida que de La sombra del ciprés es alargada. Soy tan de Los bravos como de Suso de Toro. Tengo también algún que otro escritor de cámara. El que más, Gamoneda. Le tengo ley a su vagón de pobres, a su lirismo de revisor y mina, a su rima áspera, de carbón, a su tercera clase, a su tren, mucho más próximo que los cercanías que, por el conflicto diario, han convertido Barcelona en lejano oriente.
En cualquier caso, el libro no pertenece a ninguno de estos escritores, puesto que trata sobre la capital de España. Y no es de Umbral, cronista del Lavapiés con demasiado mano izquierda para el centro derecha. De todas maneras da igual el autor: no lo leo por placer, sino por masoquismo. Lo leo para darme el gusto de entender el motivo por el que esta villa otrora amiga en votos y ahora esquiva en urnas ha pasado del no pasarán al paso de ti.

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